El mañana


Parte de la belleza del niño consiste en la falta de un mañana, todo lo vive en este instante y sin conflictos acerca del futuro.

La niñez la comienzas a perder cuando comienzas a pensar en el mañana. Dejas de vivir en completo asombro, para comenzar a vivir en una gran tristeza y agonía, que viene del saber desde lo más profundo de ti que el mañana no llegará, pero sin embargo haces planes, construyes castillos en el aire y dices:

El matrimonio hasta la muerte, tu amor hasta la muerte.

Todo en función del mañana. Tu vida se convierte en una ambición de alcanzar tus sueños, tus fantasías, pero tarde o temprano te das cuenta que lo más bello de ti lo has perdido… tu juventud, tu belleza, tu inteligencia y todo se ha perdido con el sueño del mañana, con esa falsa promesa que te has hecho…

La verdadera felicidad solo es posible viviendo en el eterno ahora, el pasado y el futuro son espejismos de la mente, son trampas que el ego ha creado para hacerte perder este momento, para robarte, tu libertad de vivir aquí y ahora.

El mañana nunca llega, miles de seres han esperado mil y una cosas, la resolución de todos sus problemas, el fin del mundo, pero sin embargo mueren sin ver el mañana, solo aquel que es sabio vive el momento intensamente, se entrega totalmente, simplemente porque sabe que este momento no volverá, es imposible que se repita…

No escuches la mente cuando te habla sobre el mañana, esa es la verdadera tentación, esa es la serpiente del edén, que promete lo que no existe, que se aprovecha de tu ambición, de tu creer en el mañana…

El hombre sabio mira siempre lo inevitable, lo inevitable es que este momento no volverá, por esta razón aprovecha su vigor, su inteligencia, su claridad mental con un solo propósito, el de ir más allá de la mente, el de ir más allá de las apariencias, el de eliminar todo los aspectos negativos de su interior aquí y ahora…

El hombre sabio sabe que nada es para siempre y no solo lo sabe sino que también lo vive, lo vive de una forma que transforma los lugares donde se mueve, los convierte en un paraíso, de ahí la belleza de un hombre, de una mujer que conocen la verdad, que han ido más allá del ego.

El presente es la única realidad que existe. La felicidad está en tus manos, vive el presente y has que tu luz brille…

Publicado en on 09/05/2008 at 0.21 Comentarios (0)

No dejes que te pinchen tus globos

Hay dos clases de personas: Las que sueñan, ríen, creen en su potencialidad, saben que pueden cambiar las cosas con amor, están seguros de poder tenerlo todo en la vida: una pareja estable que te ame, un empleo que te llene y que sigas surgiendo, tener una vida llena de felicidad y alegrías. (Claro, habrán momentos de dolor y soledad, pero la vida vale la pena vivirla y poder realizar tus sueños)

Hay otra clase de gente que le gusta pincharles los globos a los demás. Son las que creen que todo está en el destino, que nada se puede cambiar, que no creen que los sueños se hagan realidad, no les gusta ver que otros rían, sueñen, sonrían y crean en la felicidad. Estas personas son expertas en pinchar globos. Son las que miran con desdén a los que sueñan, son alegres, creen en la amistad y el amor. Son los que oirás decir: si, pero nada es perfecto. No puedes tener todo lo que quieres, los sueños son solo eso, sueños de gente crédula.

Yo he conocido esa clase de gente: pincha sueños. Pero puedo asegurarte que tu vida puede ser lo que quieres. En mi vida siempre ha habido magia, y en tu vida también puede haber magia. Solo hay que conectarse con el amor y la abundancia.

Sueña, sueña mucho y en grande. Pon tu corazón, tu alma y ganas en realizar tu sueño. Y comienza a actuar en la dirección que te proporcione lo que deseas.

La libertad


Libertad, es una palabra maravillosa que, me animaría a decir sin temor a equivocarme, la es para cada ser que habita este planeta.

Todos asociamos a la libertad con algo, por ejemplo; “si tuviera dinero sería libre…” o, “si mi trabajo fuera viajar, me sentiría libre…”, en fin, las variantes pueden ser infinitas y en difinitiva es sinónimo de felicidad.

¿Pero es en verdad así? ¿Alguna vez nos pusimos a pensar qué significa realmente para nosotros? Probablemente, cuando éramos chicos y estabamos entrando en la adolescencia, ser libres era crecer más rápido y ser grandes para “hacer lo que yo quiera”. Y cuando crecimos y nos convertimos en adultos, se nos empezó a complicar; los deberes, obligaciones, responsabilidades y mandatos varios, tanto familiares como sociales, nos hicieron ver la Libertad como algo que sólo existía en los libros o una sensación de la cual gozábamos por corto tiempo.

En mayor o menor medida, todos hemos tenido a lo largo de nuestra historia, uno o varios, momentos de crisis, donde el dolor, la angustia o quizás la rabia nos han hecho sentir atrapados, sin salida.

Es probable también, que en esos momentos desesperantes, nos haya sorprendido algún pequeño “flash” donde sentimos que la salida estaba dentro nuestro.

Pero vayamos a las cosas de todos los días, a las limitaciones cotidianas. Cada, “no puedo…”, “no sé si me animo…”, “no tengo dinero, o suerte, o pareja, etc.”, “no sé si me irá bien…”; son pequeñas cárceles que nos construimos. Cada vez que decimos una de estas frases nos creamos un cerco que nos impide ir más allá e incluso no nos deja ver el mundo de infinitas posibilidades que nos rodea.

El miedo automáticamente nos encierra, nos limita, nos hace caminar en círculos. Es el que nos paraliza y ya es tiempo de que empecemos a desarmarlo pues que se achique o se agrande, depende exclusivamente de nosotros.

Desbaratarlo, es un trabajo de cada día, enfrentando de a una las situaciones en las que el miedo se hace presente. A lo mejor, no lo logramos la primera vez, pero si insistimos tenemos el éxito asegurado.

No nos olvidemos que muchas veces es más grave el miedo al miedo que a lo que realmente vamos a enfrentar o resolver.
Probemos cambiar nuestra actitud en lo de todos los días, y en cada pequeño triunfo, vamos a experimentar la libertad, y esa misma sensación nos va a dar fuerzas para hacer cambios cada vez más importantes. Las llaves de la cárcel están en nuestro poder y sólo nosotros podemos decidir cuando usarlas.

Abrirnos al Amor y aprender el respeto, nos ayudará a encontrar el camino hacia la más extraordinaria experiencia: La Libertad

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Diálogo con el sielencio

¿Te asusta el cambio?

Es increíble el miedo que produce cambiar. Claro, nos educaron con el criterio de que la estabilidad era sinónimo de madurez, de equilibrio.

Quien cambia es ‘inestable’, inmaduro, todavía no ha crecido, porque el ideal de vida, para la sociedad, es un mundo quieto.

Vivir en el mismo barrio, habitar la misma casa, permanecer en el mismo colegio,tener la misma pareja, durar en el mismo trabajo, escoger carrera “para toda la vida”, amarrarse a la misma ciudad y al mismo país.. todos sinónimos de estabilidad.
Ni qué decir de las ideas o de las creencias. Hay que tener los mismos valores, los mismos criterios, la misma mentalidad.
Atreverse a innovar es como una ‘locura’ y es más importante permanecer que arriesgar.
Nuestra sociedad valora lo estático, que ‘no produce desorden’, antes de romper esquemas y arriesgarse a que la vida sea diferente.
El criterio más elemental para cambiar, el más simple si se quiere,es que lo que hemos vivido, lo que hemos estudiado, lo que nos ha acompañado, donde hemos permanecido, no nos ha producido ni la paz ni la armonía esperadas.

Muchas personas se lamentan, por ejemplo, por la ‘pérdida’ de valores o por la ‘pérdida de la familia’. Entonces, en la deducción más simplista, ‘volver’ con la familia tradicional ahora sí dará estabilidad.

¿Quién dijo? ¿Por qué creer que lo que no sirvió (o es que cree que el mundo va bien),hasta ahora, va a empezar a dar resultados?

¿No sería mejor buscar otra clase de alternativas que al menos nos permitan crear otra clase de circunstancias más humanas, de menos apariencia y de mayor contenido y aceptación de la diferencia? Es el cambio y claro está también, el miedo al cambio.
¿Qué escoger? Arriesgarse o permanecer, he ahì las alternativas.

Aclarando que muchas de las cosas que esperamos afuera no se encuentran ‘afuera’.
En más de una situación el cambio exterior no produce los resultados que anhelamos porque los problemas no son tan sólo geográficos, o de ambiente, o de la persona que nos acompaña, o de la ciudad o del país en el que habitamos.

Debo cambiar y arriesgarme, pero también debo manejar internamente la flexibilidad para no apegarme, para fluir, para atreverme.

Es el famoso equilibrio: cambiar pero no desbordarse.
Cambiar pero no precipitarse o indigestarse queriendo asumirlo todo a la vez.
Ningún cambio duradero es rápido o instantáneo. Los cambios necesitan cocción.

En el cambio no hay horno microondas sino fogón de leña, porque, así sea impactante, lo que permanece quieto es porque está muerto.
Sorprende cómo los seres humanos dicen tanto de su personalidad a través de su necesidad o resistencia a los cambios.

Hay personas ‘muertas’ en vida que no se atreven a cambiar ni siquiera la ruta hacia el trabajo, ni lo que comen, ni se arriesgan a vestirse diferente, a mover los muebles de la casa, o a pasar un fin de semana de otra manera.

Por eso cuando no se acepta, la resistencia al cambio se convierte en enfermedad.

A las buenas o a las malas, el mundo se mueve y el cambio no consulta.
¡Simplemente se da!

O me subo al carrito del cambio, o el cambio me atropella.

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Los ojos del alma (I)


A los ojos se les ha llamado «ventanas del alma», porque son las únicas partes del cuerpo que al observador le parecen psicológicamente transparentes. Así, esperamos que la persona honrada nos mire de frente y con franqueza, y hablamos de ojos inocentes y de miradas nobles o, también, de miradas torvas, ladinas o incluso criminales.

Hay quienes gustan de llevar gafas de sol aunque no les hagan ninguna falta y aun les estorben, como cuando van en el metro; es porque se imaginan que, con ellas, pueden ver sin ser vistos. El aspecto de los ojos cambia cuando somos presa de alguna emoción que nos excita; entonces brillan, centellean, lanzan pequeños destellos… y pueden «reflejar» nuestros sentimientos más íntimos. En realidad, lo que sucede es que la pupila se dilata y por eso parece refulgir.

También a los gatos se les acusan las emociones en los ojos. Si vuestro minino se topa con un congénere de malas pulgas, o si le ofrecéis un bocado que le guste, veréis cómo se le dilatan las pupilas. Pero si el manjar le es extraño o se lo dais envuelto en un papel, sus ojos no se alterarán, a menos que logre olerlo. En un experimento que se hizo con seres humanos para estudiar esta clase de efectos, se mostró a un hombre y a una mujer la fotografía de un nene.

El tamaño de las pupilas de la mujer aumentó en casi una quinta parte, mientras que los ojos del hombre siguieron tal como estaban. Si a las mujeres se les muestra la fotografía de una madre con su nene en brazos, puede observarse cómo se les agrandan las pupilas en cerca de una cuarta parte, y aun las del hombre se agrandan también un poco al ver la misma fotografía.

Si se quiere penetrar «hasta el alma» de una persona no se la mira a la boca ni a la nariz, sino a los ojos y con la mayor concentración posible. Y cuando las miradas se encuentran, el resultado puede ser ya al primer vistazo amor (u odio). Pero la de la mirada mutua quizá sea una peligrosa indulgencia. Porque a nadie le podemos mirar a los ojos sin permitirle que, al mismo tiempo, nos mire él a nosotros. De suerte que el «coger» por los ojos ha de ser a la vez un «dar». El jovencito que mira extasiado a la beldad que se sienta frente por frente a él en un compartimiento del tren se expone a traicionar sus sentimientos como la joven decida mirarle también con insistencia.

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Los ojos del alma (II)

La costumbre decreta que no es correcto mirar fijamente a los demás, y si se nos sorprende haciéndolo cambiamos al instante la dirección de la mirada y procuramos dar a entender de algún modo que era otra la meta de nuestros ojos, para ocultar así nuestro embarazo. Es éste uno de los efectos de desplazamiento. A un hombre no debe sorprendérsele mirando muy seguido con fijeza a una mujer, como ella no le provoque coquetamente a hacerlo; y una dama tiene todavía menos libertad en este campo: si deja que sus ojos se encuentren por algunos momentos con los del varón, éste se sentirá autorizado a interpretarle las inclinaciones. Nuestros ojos son nuestra más íntima posesión y a nadie le consentimos asomarse por ellos sin permiso a las honduras de nuestros afectos.

Sería ingenuo suponer que la forma que tenemos de emplear nuestros ojos en las situaciones sociales es algo que está genéticamente determinado. Una explicación más aceptable es la que pone el origen de nuestras maneras de mirar en la costumbre y en los convencionalismos.

La función social de los ojos es estorbada en aquellos individuos que padecen graves afecciones de la vista. Muchos invidentes son propensos a evitar las aserciones, como si hubieran abdicado su derecho a autoafirmarse a cambio de que las demás personas, más afortunadas, les acepten y traten. La ceguera parcial es, a menudo, más dura de soportar que la total, porque mientras al paciente le queda alguna vista conserva la esperanza de ir mejorando, hasta el extremo de que se niega a admitir que su mal tenga causas importantes y las juzga todas de muy poca monta; tales esperanzas y convicciones le impiden adaptarse a su nueva situación y hacen que vaya difiriendo siempre el aprender a suplir con el uso de otros sentidos el de la vista que ya no le sirve. Los niños semi-invidentes tienden a usar sus ojos a la vez que los dedos cuando estudian el sistema Braille, y esto retrasa su adquisición de los hábitos y habilidades que les son tan necesarios.

Pierre Piveteau

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Nos gusta la palabra “siempre”

Nos alivia pensar que nuestros seres queridos vivirán durante toda nuestra vida, que estarán a nuestro lado hasta el final….Que todos los embarazos llegaran a termino, que todos los bebes nacerán sanos, y vivirán por muchos años.

Nos empeñamos en jurarnos amor para toda la vida, aún sabiendo, que es solo una expresión de deseos…

En el amor, como en la vida, los “para toda la vida”, los ”nunca”, nos calman… nos eximen de pensar en lo peor, en la muerte, en los imprevistos, en el dolor, en la injusticia, en los imponderables…

Y cuando las cosas no salen como hubiéramos querido, siempre podemos culpar  al destino, a la mala suerte…

Lo cierto es que la vida se maneja bien distinto… nos sobresalta, nos confunde, nos enoja, nos cambia los planes, y cuando nos acostumbramos, nos lo vuelve a cambiar.

Y, que a la larga, cuando miramos para atrás, cada cosa fue para mejor.

Claro… si lo pudiéramos ver…

Tal vez debiéramos vivir con mas entrega, con mas ingenuidad, con menos exigencia…

Tal vez debiéramos entender que las personas, las situaciones, están en nuestra vidas por algo, y que a veces, la sutil presencia de otro es  suficiente para un gran aprendizaje, para un gran cambio.

No son mejores las amistades que duran toda la vida, que aquellas que duran solamente unos días…

No son mejores las relaciones para siempre, que aquellas fugaces, que pueden cambiarnos la vida…

La intensidad no tiene relación con la permanencia en el tiempo…

Nada es para siempre, y cuando podamos comprender eso, entenderemos que cada momento vivido con alguien, cada instante sutil de la vida, tiene un mensaje para darnos, nos ocurre por algo, y que a veces bastan unos pocos segundos para captar el mensaje y seguir nuestro camino, o dejar libre al otro para que siga el suyo…

Claro que es lindo tener amigos de toda la vida , padre, madre, hijos, que duren para siempre.

A veces tenemos el privilegio de contar con ello. Pero otras veces, el roce es fugaz, casi imperceptible. A veces ni nos cuestionamos para que tuvo que pasarnos esto en la vida.

He aprendido que cuando uno da lo mejor de si, y toma lo que la vida, o la otra persona tiene para dar, puede seguir su camino en paz, sabiendo que el contacto ha sido posible, y que algo bueno saldrá de ello. Y fundamentalmente, podemos dejar que el otro se vaya en paz… sin reclamos, sin culpas, sin rencores..

Cada segundo es una eternidad… de hecho, la eternidad, no es mas que una sucesión de instantes.

Publicado en on 09/05/2008 at 0.21 Comentarios (0)

Los que no perdonan

Muchos de nuestros intentos de perdón fracasan pues confundimos esencialmente lo que es perdonar y nos resistimos ante la posibilidad de empequeñecer los eventos ocurridos ú olvidarlos.

Lo que NO es perdonar:

El perdón no es olvido, no es olvidar lo que nos ocurrió.
No significa excusar o justificar un determinado evento o mal comportamiento.
No es aceptar lo ocurrido con resignación.
No es negar el dolor.
No es minimizar los eventos ocurridos.

Creemos erradamente que el perdón debe de conducirnos inexorablemente a la reconciliación con el agresor.
Pensamos que perdonar es hacernos íntimos amigos de nuestro agresor y por tal motivo lo rechazamos.
No implica eso para nada, el perdón es ÚNICAMENTE PARA TI y para nadie más.
No hay que esperar que la persona que nos agredió cambie o modifique su conducta pues lo más probables es que ésta persona no cambie y es más, a veces se ponen hasta peor.
El perdón se debe de realizar “sin expectativas” sin esperar que nada suceda.
Si esperamos que el agresor acepte su error, estaremos esperando en vano y gastando nuestro tiempo y nuestras energías en una disculpa que jamás llegará.
Si estamos esperando esta reacción, luego de haber perdonado, pues realmente no perdonamos de corazón pues seguimos esperando una retribución, un resarcimiento.
Seguimos anclados en el problema, en el ayer, queriendo que nos paguen por nuestro dolor.
Ahí no hemos perdonado, ahí quien tiene el comando de nuestra vida es el EGO.
EGO que quiere a toda costa castigar o cobrar al agresor.

No existe nada ni nadie que pueda resarcir el dolor ocasionado en el pasado, el pasado no tiene como ser cambiado.
Ningún tipo de venganza o retribución podrá subsanar los momentos de tristeza y desolación que vivimos, lo mal que nos sentimos.
Al esperar una disculpa, que se acepte el error; nada de eso cambiarán los hechos, lo ocurrido en el pasado, sólo estaremos queriendo alimentar nuestro ego, nuestra sed de justicia mal enfocada.

Perdonando desde nuestro corazón, logramos mirar los hechos tal y como sucedieron y luego decidimos dejarlos ir, dejarlos en el ayer.
Aceptamos que somos APRENDICES !
que la lección ya se encuentra aprendida y que hemos logrado vencer las circunstancias negativas que nos tocaron vivir.

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El valor de la vida

Es grandioso como la misma vida te provoca una homeostasis (proceso mediante el cual el organismo satisface sus necesidades, mismas que interactúan con el medio ambiente y le proveen estímulos que dan como resultado una conducta). La vida te causa dolor para que conozcas tu fortaleza, te provoca miedo para que descubras tu valor, te enferma para que valores la vida.

De manera natural estamos expuestos a tratar con una serie de personas con psicologías sanas, equilibradas, serenas entusiastas, optimistas, pero también con personas con psicologías enfermas, hipocondríacas, esquizofrénicas, megalómanas, amorfas, raras, depresivas, pesimistas, asustadizas y desequilibradas, asimismo nos exponemos a temperamentos coléricos, nerviosos, apáticos, sentimentales, apasionados, sanguíneos, superficiales y profundos y cada individuo tiene su propia personalidad o característica que lo hace único he irrepetible en el mundo, con todos estos tipos de psicologías es imposible entender a cada persona, ese es parte de nuestro problema querer entender a los demás, cuando es mas fácil y productivo empezar por entendernos a nosotros mismos, así como es mas fácil cambiar lo que hacemos para lograr nuestros deseos, que cambiar nuestros deseos y vivir frustrados por no lograr nuestros sueños.

E. del Rocío Vera

Publicado en on 09/05/2008 at 0.21 Comentarios (0)