El amor consciente

Amar al Universo y a todo lo creado: ése es el sentimiento más perfecto que puede brotar de los lazos que unen a dos personas. El amor debe trascender de la propia individualidad de la pareja y recorrer una serie de etapas que culminen con la apertura del corazón.

Generalmente, solemos considerar que las relaciones íntimas son adecuadas cuando satisfacen nuestras necesidades de amistad, seguridad, sexo y autoestima. Sin embargo, si aspiramos a convertir nuestras relaciones en un sendero -en un sendero sagrado- nos veremos obligados a ampliar nuestra perspectiva y a asumir una visión más comprensiva que, incluyendo todas esas necesidades, no se halle, sin embargo, circunscrito a ellas. Nuestro tema tiene que ver con el cultivo del amor consciente, de ese amor que puede inspirar el desarrollo de una conciencia más expandida y la evolución de las personas implicadas. Sin embargo, no debemos mostrarnos demasiado idealistas porque las relaciones íntimas nunca funcionan a un solo nivel. Vivimos simultáneamente en diferentes niveles y cada uno de ellos tiene sus propias necesidades concretas.

Publicado en on 07/06/2008 at 0.21 Comentarios (0)

El amor consciente (corazón herido)

Las parejas que comparten una relación profunda de ser a ser, que mantienen un buen nivel de comunicación, que tienen intereses y valores comunes y que disfrutan naturalmente de la compañía del otro, logran establecer un equilibrio ideal entre el cielo y la tierra, por así decirlo. (La sexualidad, por su parte, puede operar en cualquiera de estos niveles: como una forma de unión simbiótica, como compañía corporal, como un ejercicio compartido, como una forma de comunicación o como una comunión profunda.) El amor consciente sólo aparece cuando ambas personas logran establecer una comunión esencial que trasciende a la personalidad. En esos momentos de comunión, estamos simultáneamente en contacto con nuestra propia esencia y con la esencia de nuestra pareja y, sin embargo, seguimos siendo individualidades separadas. Por más próximos que nos hallemos nunca podremos llegar a compartir plenamente nuestros mundos ni a saber del todo cómo son las cosas para la otra persona. Así pues, aunque podamos compartir ciertos momentos fugaces de unidad en los que nuestra esencia permanece en contacto, la unión completa siempre estará fuera de nuestro alcance. Ahora bien, no existe modo alguno de retener a otra persona ni de poder utilizar la relación como una forma de escapar de la soledad. Nuestra pareja es sólo un préstamo temporal que nos concede el universo, un préstamo que ignoramos cuándo se nos reclamará. En el fondo de la devoción a otra persona anida la dulce y melancólica plenitud de un corazón que sólo anhela desbordarse. La soledad es, a fin de cuentas, lo que nos impulsa a salir de nosotros mismos. Por consiguiente, no es necesario que nos aislemos porque la soledad, como simple presencia, es lo que compartimos con todas las criaturas de la tierra, es el trasfondo del que brotan todos los tesoros: un anhelo desbordante que nos hace salir de nosotros mismos, escribir un poema, componer una canción o crear algo hermoso. Cuando valoramos nuestra soledad podemos ser nosotros mismos y entregarnos más plenamente. Entonces ya no necesitaremos que los demás nos protejan o nos hagan sentir bien sino que, en lugar de eso, estaremos en condiciones de ayudarles para que sean ellos mismos. El amor consciente sólo puede brotar como el fruto maduro de un corazón herido. Todas las tradiciones espirituales coinciden en afirmar que la persecución exclusiva de nuestra propia felicidad no conduce a la verdadera satisfacción porque los deseos personales se multiplican de continuo generando nuevas frustraciones. La verdadera felicidad -la que nadie puede arrebatarnos- emana de la apertura de nuestro corazón, de su proyección hacia el mundo que nos rodea y se complace con el bienestar de nuestros semejantes. Si queremos preocuparnos por el desarrollo y la evolución de las personas a las que amamos es necesario poner en funcionamiento las capacidades más profundas de nuestro ser y evolucionar nosotros mismos. La evolución exige la puesta en marcha de todas nuestras cualidades. Así pues, todas las dificultades propias de la relaciones constituyen, en realidad, una oportunidad excepcional: descubrir el camino sagrado del amor cuya llamada nos alimenta a cultivar la plenitud y la profundidad de nuestro ser.

Publicado en on at 0.21 Comentarios (0)

Cerrando etapas

Siempre es preciso saber cuándo se acaba una etapa de la vida. Si insiste en permanecer en ella, más allá del tiempo necesario, pierde la alegría y el sentido del resto. Cerrando círculos, o cerrando puertas, o cerrando capítulos. Como quiera llamarlo, lo importante es poder cerrarlos, dejar ir momentos de la vida que se van clausurando.

¿Terminó con su trabajo?, ¿Se acabó la relación?, ¿Ya no vive más en esa casa?, ¿Debe irse de viaje?, ¿La amistad se acabó?
Puede pasarse mucho tiempo de su presente “revolcándose” en los porqués, en devolver el casette y tratar de entender por qué sucedió tal o cual hecho. El desgaste va a ser infinito porque en la vida, usted, yo, su amigo, sus hijos, sus hermanos, todos y todas estamos abocados a ir cerrando capítulos, a pasar la hoja, a terminar con etapas, o con momentos de la vida y seguir adelante.
No podemos estar en el presente añorando el pasado. Ni siquiera preguntándonos por qué. Lo que sucedió, sucedió, y hay que soltar, hay que desprenderse.
No podemos ser niños eternos, ni adolescentes tardíos, ni empleados de empresas inexistentes, ni tener vínculos con quien no quiere estar vinculado a nosotros.
No. ¡Los hechos pasan y hay que dejarlos ir!
Por eso a veces es tan importante destruir recuerdos, regalar presentes, cambiar de casa, papeles por romper, documentos por tirar, libros por vender o regalar. Los cambios externos pueden simbolizar procesos interiores de superación. Dejar ir, soltar, desprenderse.
En la vida nadie juega con las cartas marcadas, y hay que aprender a perder y a ganar. Hay que dejar ir, hay que pasar la hoja, hay que vivir sólo lo que tenemos en el presente. El pasado ya pasó. No espere que le devuelvan, no espere que le reconozcan, no espere que alguna vez se den cuenta de quién es usted.

Suelte el resentimiento, al prender “su televisor personal” para darle y darle al asunto, lo único que consigue es dañarlo mentalmente, envenenarlo, amargarlo.
La vida está para adelante, nunca para atrás. Porque si usted anda por la vida dejando “puertas abiertas”, por si acaso, nunca podrá desprenderse ni vivir lo de hoy con satisfacción. Noviazgos o amistades que no clausuran, posibilidades de “regresar” (a qué?), necesidad de aclaraciones, palabras que no se dijeron, silencios que lo invadieron ¡Si puede enfrentarlos ya y ahora, hágalo!, si no, déjelo ir, cierre capítulos.
Dígase a usted mismo que no, que no vuelve. Pero no por orgullo ni soberbia, sino porque usted ya no encaja allí, en ese lugar, en ese corazón, en esa habitación, en esa casa, en ese escritorio, en ese oficio. Usted ya no es el mismo que fué, hace dos días, hace tres meses, hace un año, por lo tanto, no hay nada a que volver. Cierre la puerta, pase la hoja, cierre el círculo.
Ni usted será el mismo, ni el entorno al que regresa será igual, porque en la vida nada se queda quieto, nada es estático. Es salud mental, amor por usted mismo es desprender lo que ya no está en su vida. Recuerde que nada ni nadie es indispensable. Ni una persona, ni un lugar, ni un trabajo, nada es vital para vivir porque: cuando usted vino a este mundo ‘llegó’ sin ese adhesivo, por lo tanto es “costumbre” vivir pegado a él, y es un trabajo personal aprender a vivir sin él, sin el adhesivo humano o físico que hoy le duele dejar ir. Es un proceso de aprender a desprenderse y, humanamente se puede lograr porque, le repito, nada ni nadie nos es indispensable. Sólo es costumbre, apego, necesidad.
Pero … cierre, clausure, limpie, tire, oxigene, despréndase, sacuda, suelte.
Hay tantas palabras para significar salud mental y cualquiera que sea la que escoja, le ayudará definitivamente a seguir para adelante con tranquilidad. ¡Esa es la vida!

de Paulo Coelho.

Publicado en on at 0.21 Comentarios (0)

El mundo interior

Debemos aprender a enfatizar las posibilidades de nuestro mundo interno, pues es en nuestro mundo interno en el que estamos continuamente sumergidos. Este mundo nos pertenece: donde quiera que vayamos, lo llevamos con nosotros y podemos contar con él, mientras que el mundo externo siempre nos reserva alguna que otra decepción. Si lo que buscamos es nuestro verdadero camino, la plenitud, debemos saber que podemos encontrarlos en nosotros mismos. El problema es que no nos conocemos, no sabemos todo lo que poseemos, todos nuestros tesoros, y nuestro conocimiento se pierde irremediablemente en tesituras inertes, sin sentido y de vana erudición. Debemos esforzarnos para sentir y utilizar todos nuestros recursos.
Debemos saber que podemos encontrarlos en nosotros mismos. El problema es que no nos conocemos, no sabemos todo lo que poseemos, todos nuestros tesoros, y nuestro conocimiento se pierde irremediablemente en tesituras inertes, sin sentido y de vana erudición. Debemos esforzarnos para sentir y utilizar todos nuestros recursos.

Publicado en on at 0.21 Comentarios (0)

Gozar de la vida

Dicen que a cierta edad las mujeres nos hacemos invisibles, que nuestro protagonismo en la escena de la vida declina y que nos volvemos inexistentes para un mundo en el que solo cabe el ímpetu de los años jóvenes.

Yo no se si me habré vuelto invisible para el mundo, es muy probable, pero nunca fui tan consciente de mi existencia como ahora, nunca me sentí tan protagonista de mi vida, y nunca disfrute tanto de cada momento de mi existencia.

Descubrí que no soy una princesa de cuento de hadas, descubrí al ser humano que sencillamente soy, con sus miserias y sus grandezas.

Descubrí que puedo permitirme el lujo de no ser perfecta, de estar llena de defectos, de tener debilidades, de equivocarme, de hacer cosas indebidas, de no responder a las expectativas de los demás. …….. Y a pesar de ello…. ¡quererme mucho!.

Cuando me miro al espejo ya no busco a la que fui… sonrió a la que soy…. Me alegro del camino andado, asumo mis contradicciones. Siento que debo saludar a la joven que fui con cariño, pero dejarla a un lado porque ahora me estorba. Su mundo de ilusiones y fantasía ya no me interesa.

Que bueno vivir sin poner el listón tan alto¡ ¡Que bien no sentir ese desasosiego permanente que produce correr tras los sueños!.

La vida es tan corta y el oficio de vivirla es tan difícil, que cuando uno comienza a aprenderlo, ya hay que morirse. El ser humano tarda mucho en madurar, verdad?

Publicado en on at 0.21 Comentarios (0)

Creer en algo

NO CREO en conseguir a una persona que nos “llene la vida”,
CREO en una vida llena para poder compartir la felicidad con otra persona.
NO CREO en que el amor lo genera alguien,
CREO en que el amor está en nosotros, si hemos llegado a crecer lo suficiente como para desarrollarlo y mantenerlo, y que de pronto se dispara por personas que comparten pensamientos y sentimientos.
NO CREO en la exclusividad de dar y estar,
CREO en una actitud frente a la vida integral, con diferentes
expresiones pero sin condiciones.
NO CREO en el “amor” a primera vista ni en “creer en alguien” en muy poco tiempo,
CREO en hablar el mismo idioma, en el “feeling”, en la comodidad de estar cerca, en conexiones de energía, como los ríos que se unen en un mismo curso.
NO CREO en el amor de hoy prometido para toda la vida,
CREO en el respeto y en la sinceridad. En el amor maduro que nos deja espacio para crecer juntos…
CREO en el amor que dos deciden, en el amor que nos da la gana de compartirlo… sin presiones… sin exigencias.
NO CREO en esfuerzos “unilaterales” por llegar.
CREO en la naturaleza del fluir y coincidir. El estar centrados para escuchar hasta donde podemos llegar. Para equilibrar sin sufrir.
NO CREO en amar sufriendo,
CREO en amar con armonía. en que el amor es

Publicado en on at 0.21 Comentarios (0)

La vida

La vida canta en nuestros silencios y sueña en nuestro sopor. Aún cuando estamos vencidos y tristes, la Vida está entronizada en lo alto. Y cuando lloramos, la Vida sonríe a la luz del día, y es libre aún cuando arrastramos nuestras cadenas. Muchas veces la nombramos con nombres amargos, pero sólo cuando nos sentimos amargos y oscuros.

Y la juzgamos inútil y vacía, pero sólo cuando el alma vaga por lugares desolados y el corazón esta ebrio de excesiva preocupación por sí mismo.
La Vida es profunda y alta y distante; y aunque vuestra vasta visión apenas alcance a sus pies, ella está cerca; y aunque sólo el aliento de vuestro aliento llegue a su corazón, la sombra de vuestra sombra cruza su rostro y el eco del más débil de vuestros gritos se convierte en su pecho en otoño y primavera.

Y la vida está velada y oculta, así como está oculto y velado vuestro ser más íntimo. Pero cuando la Vida habla, todos los vientos se vuelven palabras; y cuando vuelve a hablar, las sonrisas en nuestros labios y las lágrimas en nuestros ojos se hacen palabras también. Cuando ella canta, los sordos oyen y quedan cautivados; y cuando viene andando, los ciegos la ven y se quedan pasmados, y la siguen maravillados y atónitos.

La vida, una carrera contra el tiempo

La vida se nos va en un abrir y cerrar de ojos hoy estamos aquí mañana no sabemos que nos sucederá ya que nada ni nadie tenemos el futuro asegurado.
Realmente, ¿valoras tu espacio? ¿Cuántos momentos los desperdicias pensando en tonterías, diciendo voy hacer o quiero hacer tal cosa; aferrando al pasado? ¡Sí! Pensando en lugar de actuar y transcurre tu existencia sin hacer nada; ¿cuántas veces haz sentido que la vida se te va como arena por las manos?.
El tiempo lo es todo único, irrepetible, valioso cura las heridas, borra los rencores, olvida a las personas, te enseña que puedes llegar a ser mejor persona, té llena de nuevas alegrías e ilusiones también, cobra la factura de los años.
Lo importante de todo esto es saber distribuir tu tiempo en todo lo que hagas y quieres hacer. Y no dejar las cosas para mañana ya que puede ser muy tarde, no vivir en el pasado. En muchas ocasiones he escuchado a distintas personas decir: “cuando yo era joven” “yo era feliz cuando tenía o hacia tal cosa” “quisiera regresar aquel instante”. ¡Basta! Toma lo bueno que aprendiste de ese maravilloso pasado ya que no puedes hacer nada al respecto; lo único que si puedes hacer es despertar y disfrutar el presente.
“Despídete de los adorados ayeres, o tu corazón jamás aprenderá amar el presente”.

Anthony de Mello.

La edad madura

La edad madura no solo trae arrugas ,también trae experiencia por eso para uno, es más fácil hacer amigos verdaderos, sinceros y genuinos.

Para un adulto que se relaciona , cuentan mucho los gestos, las palabras, los silencios.
Para nosotros, por ejemplo, las lágrimas significan dolor, frustración, impotencia, etc., y nada más. Jamás serán cadenas que sujeten nuestra amistad.

Las confidencias, las agradecemos como signo de confianza pero no permitimos que nos conviertan en cómplices.
La amistad, mis queridos amigos, es una comunión de almas y espíritus , en la que se comparten confidencias ,puntos de vista, autobiografías , y sentires, por el puro placer de compartir.
La amistad tiene otra perspectiva para nosotros, amamos lo que hacemos y es muy raro que nos engañemos, por esa razón somos mas selectivos a la hora de hacer amigos. Y no porque queramos, sino que, por la misma experiencia, encontramos a nuestros iguales, somos transparentes para los que son como nosotros.

Por eso el ciberespacio no nos limita, ya que sin querer damos con ellos. La amistad es el primer paso de la convivencia, hacemos amigos desde nuestra niñez , y con el transcurso de los años, estos han compartido una parte de nuestra vida, y así junto con los nuevos años, viene nuevos amigos.

La amistad es el mejor remedio para la soledad, para la incomprensión, cuando éstas aparecen en nuestra vida, por alguna razón.
Ya para finalizar, déjenme concluir con esta verdad, cuando se tienen amigos , jamás llegaremos a morir solos, porque muchos nos despedirán, y otros tantos nos estarán esperando.

La desconfianza

“La confianza en ti mismo no es algo que dependa de la herencia; depende del carácter, y este se forja, se cambia, se corrige, se conquista. Depende del trabajo que estés dispuesto a hacer sobre ti, por costoso que pueda parecerte. Con esto te señalo que la firme confianza es una opción, una elección consciente. “¿Que más querría yo que tener confianza en mi mismo?”; me parece oírte, como he oído a tantos. Pues bien, si realmente quieres eso, dátelo; construye eso dentro de ti, libera paso a paso ese territorio sojuzgado por esos ladrones que no te dejan ser en plenitud, sé impiadoso e implacable.
Pero ten en cuenta que, si no avanzas, es imposible que consigas tu objetivo; nadie va a venir a darte esa confianza por la que suspiras, nadie. Son tus trabajos , es tu batalla , son tus armas y a ti te corresponde elegir la estrategia y la hora de la lucha. Si te quedas sentado esperando que llegue el tiempo mas propicio, perderás todo. No habrá en el futuro un tiempo mejor que este.

Para ganar la confianza de que tus piernas te llevaran con éxito al piso de arriba, debes poner los pies en los escalones, no hay otra forma. Seria
inútil que te quedaras al pie de la escalera dudando de la flexibilidad de
tus rodillas antes de haberlas movido siquiera. El inseguro de sí queda
siempre en el intento, por eso no resuelve su inseguridad; esta se resuelve
haciendo, probando, ensayando, equivocándose, rectificando e intentando de nuevo.
Este es el ejercicio idóneo para alcanzar la destreza de la seguridad
interior. Conquista ese castillo y abre las puertas, deja que salgan los
nobles que lo habitan, ellos ansían compartir sus riquezas.