¡Ponte de acuerdo!

¿Te ha sucedido que te propones una conducta determinada y sin embargo no consigues hacerlo? Tal vez te propongas dejar de fumar, sabes lo mal que le hace a tu salud, te dices que cuando quieras lo dejas, y sin embargo,¡no lo haces!

Se han tratado a muchas personas que anhelaron durante años una posición mejor en sus trabajos, y sin embargo, poco antes de ser designados a una responsabilidad mayor, se enfermaron o cambiaron de empresa.

En todas estas situaciones hay una desarmonía. Hay un “yo” que quiere hacer una cosa y otro “yo” que desea otra muy distinta. Uno es el consciente y el otro es el inconsciente. Uno quiere dejar de fumar, pero el otro se ha visto siempre con la imagen de fumador y se siente seguro con ello. Uno quiere una mayor responsabilidad en su trabajo, mas el otro tiene miedo de asumirla porque no se siente capaz.

En estos conflictos, siempre el subconsciente o el inconsciente son más poderosos que el consciente. El fondo mental siempre gana sobre la conciencia.

Para armonizarte, tienes que ponerlos de acuerdo. Envíale mensajes al subconsciente con lo que conscientemente quieres. Repite mentalmente tus propósitos muchas veces al día, confecciona un pequeño cartel o letrero con lo que quieres lograr, involucra a tu familia con tus metas. Todo esto llevará mensajes a tu fondo mental, y cuando tus “yo es” estén de acuerdo, estén armonizados, definitivamente lograrás tus cambios de conducta para siempre.

Lo que importa

Lo que trasciende no son los espejismos de lo material, sino tu riqueza espiritual, lo que eres y el amor que ofreces.
Lo que vale es darte y dar, que es lo único que te enriquece, no las posesiones que acumulas.

Importa lo que construyes en el instante fugaz, no los errores de un pasado que sólo es recuerdo.
Importa la sabiduría que vives y compartes, no los títulos y cargos que inflan el ego.
Importa la verdad, no tu verdad; valen los buenos frutos, no las vanas promesas.

Lo que importa no es cuánto vives, dónde vives y qué tienes, sino cómo vives y cuánto amas. Lo valioso está en tu interior y en el de los demás, no en la fachada. Lo que necesitas no es lo que sólo te da placer; muchas veces lo que más necesitas es lo que menos te gusta.

No importa si te hirieron o te maltrataron, lo que importa es si eso te sirvió para crecer y perdonar
Lo que te perfecciona no siempre está exento de dolor; porque el dolor suele ser un buen maestro, si sabes amar.
Lo que importa no es que cambies a los demás, sino que cambies tú, los aceptes y los comprendas. De hecho, una relación auténtica te libera y te empuja hacia arriba, no te aprisiona ni te anula. Lo que vale es la realidad, no tus máscaras.
Lo que cuenta no es si las penas te aturden y te trituran, lo valioso es aprovecharlas para madurar y mejorar. Nada sucede por azar, todo tiene su razón de ser y nada es inútil, aunque no lo entendamos.
Lo terrible no es que estés solo, lo cruel es que te sientas solo, incluso cuando estás en compañía.
Lo que necesitas son personas que piensen distinto, aunque te disguste, no marionetas que manejas a tu antojo.

Aquellos que te quieren no son los mismos que te adulan, y los que te forman son los que pulen tus aristas.
Lo que importa está en tu esencia, no en las apariencias. Lo que permanece nace de tu yo profundo, no del ego y sus ilusiones.

Lo que importa no es a qué credo perteneces, sino cuánto sirves; no en cuál país naciste, sino en cuál das lo mejor de ti.

Muchas cosas dependen de nosotros

Muchas cosas, o situaciones dependen de nosotros pero hay otras que no.

Llamamos imprevisto a aquello que no pudimos prever, a aquello que sucede y que no imaginamos que puede ocurrir y que por lo tanto es inesperado… pero sucede y no hay explicación ni planteo que puedan detener su aparición.

Es común que muchas veces detrás de su aparición nos sintamos mal si lo sucedido es negativo. Nos culpamos, o nos sentimos inútiles ya que nada pudimos hacer. Pero no debemos optar por sentir esto, al contrario, tenemos que comprender que hay cosas que se nos escapan, que no somos magos y que no podemos adivinar lo que viene ni por qué.

Hablamos del destino, decimos “estaba en el destino que tenia que pasar por esto…”, o “el destino quiso que fuera así”, o ” es obra del destino” y así miles de frases tratan de aliviarnos, de hacer más fácil su comprensión…

Pero está en nosotros saber que la vida no es de un solo color, que por más que nos guste el azul muchas veces aparecen grises, rosas o plateados que no dependen de nosotros, pero aparecen y sólo podemos aprender a contemplar esos matices y ver si podemos rescatar algo bueno en sus trazos.

Autodisculpa y mediocridad

A mí no me gusta exigir tanto a mis hijos, (me decía en cierta ocasión una madre durante una conversación sobre la incierta trayectoria de uno de ellos).

“Me conformo con que aprueben, aunque sea a trancas y barrancas. No les pido que se compliquen la vida, ni que hagan ninguna maravilla. Ni yo ni ellos somos perfectos. Somos humanos. Y yo no quiero amargarles la existencia.”

Bien. De acuerdo. Pero, me pregunto ¿por qué equiparar eso de amargarse la existencia con tener unos ideales más altos? ¿Por qué ante cualquier fallo nuestro o ajeno (sobre todo nuestro) enseguida lo justificamos diciendo que es algo muy humano?

Somos humanos: parece como si lo propio del hombre fuera lo bajo, lo vulgar, lo vicioso, lo mezquino; cuando lo propiamente humano es la razón, la fuerza de voluntad, la verdad, el esfuerzo, el trabajo, el bien. Para ser verdaderos hombres hemos de empezar por no autodisculparnos siempre con la excusa de que somos humanos.

Es una excusa que tiene apariencia de humildad y, sin embargo, oculta habitualmente una cómoda apuesta por la mediocridad.

Hay que inculcar en los hijos un inconformismo natural ante lo mediocre, porque resulta mucho mayor el número de chicos y chicas que se acaban deslizando por la pendiente de la mediocridad que por la pendiente del mal.

Son muchos los que llenaron su juventud de grandes sueños, de grandes planes, de grandes metas que iban a conquistar; pero que en cuanto vieron que la cuesta de la vida era empinada, en cuanto descubrieron que todo lo valioso resultaba difícil de alcanzar, y que, mirando a su alrededor, la inmensa mayoría de la gente estaba tranquila en su mediocridad, entonces decidieron dejarse llevar ellos también.

La mediocridad es una enfermedad sin dolores, sin apenas síntomas visibles. Los mediocres parecen, si no felices, al menos tranquilos. Suelen presumir de la sencilla filosofía con que se toman la vida, y les resulta difícil darse cuenta de que consumen tontamente su existencia.

Todos tenemos que hacer un esfuerzo para salir de la vulgaridad y no regresar a ella de nuevo. Tenemos que ir llenando la vida de algo que le dé sentido, apostar por una existencia útil para los demás y para nosotros mismos, y no por una vida arrastrada y vulgar.

Porque, además, como dice el clásico castellano: no hay quien mal su tiempo emplee, que el tiempo no le castigue.

La vida está llena de alternativas. Vivir es apostar y mantener la apuesta. Apostar y retirarse al primer contratiempo sería morir por adelantado.

La edad del sol


A la soledad yo la llamo edad del Sol, la edad de la madurez, cuando yo se ser mi propia compañía, cuando yo me puedo acompañar, cuando mi compañía es interior porque estoy conmigo. Cuando puedo estar conmigo puedo estar contigo, eso es conquistar esa posición de madurez en la cual nosotros nos aceptemos sin temor y no busquemos huir de los vacíos porque el vacío es el lugar donde yo puedo encontrar mi propia esencia, el alma, la mente superior que hay en mi.

Una vez que yo se estar en soledad y estar conmigo conquisto la serenidad, es otra propiedad del alma hay gente que te induce serenidad, tu te sientas al lado de una persona y tienes una sensación de paz, de serenidad tan infinita, tu no sabes de donde viene, pues eso viene de que esa persona ha conquistado el fondo de si mismo, el fondo de su océano, que sus aguas están en calma que sus emociones están en calma, porque son transparentes, esa persona tiene una virtud terapéutica.

La serenidad se exterioriza a través de la calma, la calma exterior es producto de la serenidad interior y ambas son producto de saber estar en mi propia compañía, pero cómo si no puedo estar contigo ¿Te puedo acompañar?, yo te acompaño cuando soy mi propia compañía, cuando tengo solidez, cuando estoy contigo, pero te acompaño desde mi silencio desde mi serenidad y desde mi calma. Cómo te hablo de que no le tengas miedo a la muerte si yo estoy muerto del miedo?, yo tengo que tener calma para poder hablar desde la vida, sino son palabras huecas que no tienen ningún sentido terapéutico.

Hoy empiezo …

Desde hoy puedo tratar de mirar mi vida de otra manera. Y hacer un esfuerzo por no preocuparme en vano. Será mejor si me ocupo llegado el momento. Si busco lo bueno de las cosas y dejo de lado lo malo. Si rescato lo positivo de las situaciones y de las personas, por sobre los aspectos negativos. El esfuerzo nunca será en vano. Hoy empiezo.

Desde hoy voy a levantarme y dar gracias a Dios por lo que tengo. No siempre debo pedir, pedir, pedir. Voy a mirar a mi alrededor y dar gracias. Por la familia, por los amigos, por el trabajo. Porque no estoy sola. Porque no me falta nada. Porque mi vida está llena. La energía que gaste, valdrá la pena. Hoy empiezo.

Desde hoy voy a disfrutar de cada cosa que haga. De cada momento. Por más ínfimo que sea. Voy a valorar más los momentos con amigos. Y con la familia. Intentaré sacarle el jugo a una ronda de café. A un asado compartido. Seguramente, saldré beneficiada. Hoy empiezo.

Desde hoy quiero ser más generosa y aprender a escuchar. Quiero darme cuenta de que el otro necesita de mí, de que puedo ayudarlo. Mi hombro puede ser de gran ayuda. Debo cederlo. Hoy empiezo.

Desde hoy quiero darme cuenta de que todo es cuestión de actitud. La vida está compuesta por hechos y por la forma en que reaccionamos ante ellos. La actitud puede hacer que una tragedia deje de serlo. Puede convertir un fracaso en una oportunidad. Hoy quiero tener una actitud exageradamente positiva ante la vida. Hoy empiezo.

Ser realista

Hay un dicho muy conocido según el cual un optimista inventó el avión, un pesimista no lo usa y un realista se sube en él con paracaídas.

La persona realista sabe equilibrar los sueños del optimista con la prevención del pesimista.

La persona realista piensa en lo mejor y lucha por lo mejor, pero acepta que los fracasos forman parte de todo proceso.

En todo nos conviene actuar con realismo y en especial en nuestras relaciones amorosas y sociales. No contar con imponderables ni presupuestar crisis sería como practicar un deporte queriendo ganar siempre.

Las derrotas también nos enseñan valiosas lecciones y casi siempre aprendemos más de las caídas que de los triunfos.

En el deporte los ejemplos son constantes, como lo cuenta el atleta Carl Lewis, ya que sus inicios fueron bien desalentadores.

Sólo que él supo insistir, se comprometió en su carrera y no se dio por vencido. Fue realista como ojalá lo seamos nosotros siempre. Es de sabios contar con las crisis y aprender de ellas.

Vale la pena

Vale la pena, cada espina, cada rosa, cada lágrima que riega lo que florecerá en sonrisa, porque la Vida es maravillosa por ella misma No importan las penas no importa el desamor, porque pasa, todo pasa y el sol vuelve a brillar.
Hay momentos que sentimos que todo esta mal, que nuestras vidas se hunden en un abismo tan profundo, que no se alcanza a ver ni un pequeño resquicio por el que pase la luz.
En esos momentos debemos tomar todo nuestro amor, nuestro coraje, nuestros sentimientos, nuestra fuerza y luchar por salir adelante.
Muchas veces nos hemos preguntado si vale la pena entusiasmarnos de nuevo, y solo puedo contestar una cosa: Hagamos que nuestra vida valga la pena.
Vale la pena sufrir, porque he aprendido a amar con todo el corazón.
Vale la pena entregar todo, porque cada sonrisa y lagrima son sinceras.
Vale la pena agachar la cabeza y bajar las manos, porque al levantarlas seré mas fuerte de corazón.
Vale la pena una lagrima, porque es el filtro de mis sentimientos, a través de ella me reconozco frágil y me muestro tal cual soy.
Vale la pena cometer errores, porque me da mayor experiencia y objetividad.
Vale la pena volver a levantar la cabeza, porque una sola mirada puede llenar ese espacio vacío.
Vale la pena volver a sonreír, porque eso demuestra que he aprendido algo más.
Vale la pena acordarme de todas las cosas malas que me han pasado, porque ellas forjaron lo que soy el día de hoy.
Vale la pena volverse hacia atrás, porque así se que he dejado huella en los demás.
Vale la pena vivir, porque cada minuto que pasa es una oportunidad de volver a empezar.
Todo esto son solo palabras, letras entrelazadas con el único fin de dar una idea. Lo demás, depende de cada uno de nosotros.
Dejemos que nuestras acciones hablen por nosotros.
Hagamos que nuestra vida valga la pena.
Seamos Felices…
¿Verdad que vale la pena?

El manantial de la vida

Creo que todos aspiramos a ser un manantial de vida pero a veces cuesta ¿no?

Creo que el primer paso para lograrlo es dejar que el agua siga su curso naturalmente, que busque la verdadera manera de fluir. Si detenemos el agua, si creamos obstáculos para impedir su paso por nuestra vida no podremos lograr ser auténticos y nos estamos perdiendo lo más hermoso que podemos llevar con nosotros toda la vida: ser un manantial de frescura, de amor…

Ser el agua que toca a su paso y salpica dando fuerzas, vida… y que acaricia todos los territorios dejando en cada uno pequeñas marcas de su paso por ahí.
¡¡Qué importante es ser un manantial!

Pasar por donde otros no pasan, llegar a todos los rincones, recrearse a medida que se avanza, no congelarse, no quedarse quieto… no tener temor… no retener…

Ser un manantial es pasar por la vida de una manera única y al retirarnos saber que esas pequeñas gotitas ayudaron a otra personas a ver la vida de una manera diferente.

Cuando amanezca…

Cuando amanezca de nuevo, busca la unidad de tus manos y cierra tus ojos…imagínate un lugar, un paisaje donde todo es nuevo, donde todo nació de nuevo a tu lado.

Cuando amanezca de nuevo, solamente recuerda lo mejor de ti, lo que te ayudará a olvidar la tormenta que dejaste atrás…

Cuando amanezca de nuevo acepta lo que ven tus ojos, un verdadero oasis de lo que siempre deseaste y arroja en el mar lo que te hace daño y vuelve a amar porque recuerda que el verdadero amor cuando llegue a ti sentirás lo que nunca habías creído sentir y verás lo que siempre has deseado.

Cuando amanezca de nuevo, busca la felicidad ausente donde no exista el pasado y te darás cuenta que el verdadero amor siempre estará a tu lado sanando tus heridas.

Cuando amanezca otra vez, cuando el sol anuncie su presencia, sentirás en tu pensamiento el ángel de la felicidad…entregándote…tu derecho a amar cada mañana…cuando salga el primer lucero, pide tu mejor deseo, camina despacio por el camino de la verdad para que puedas encontrar lo que perdiste alguna vez