No dejes que te pinchen tus globos

Hay dos clases de personas: Las que sueñan, ríen, creen en su potencialidad, saben que pueden cambiar las cosas con amor, están seguros de poder tenerlo todo en la vida: una pareja estable que te ame, un empleo que te llene y que sigas surgiendo, tener una vida llena de felicidad y alegrías. (Claro, habrán momentos de dolor y soledad, pero la vida vale la pena vivirla y poder realizar tus sueños)

Hay otra clase de gente que le gusta pincharles los globos a los demás. Son las que creen que todo está en el destino, que nada se puede cambiar, que no creen que los sueños se hagan realidad, no les gusta ver que otros rían, sueñen, sonrían y crean en la felicidad. Estas personas son expertas en pinchar globos. Son las que miran con desdén a los que sueñan, son alegres, creen en la amistad y el amor. Son los que oirás decir: si, pero nada es perfecto. No puedes tener todo lo que quieres, los sueños son solo eso, sueños de gente crédula.

Yo he conocido esa clase de gente: pincha sueños. Pero puedo asegurarte que tu vida puede ser lo que quieres. En mi vida siempre ha habido magia, y en tu vida también puede haber magia. Solo hay que conectarse con el amor y la abundancia.

Sueña, sueña mucho y en grande. Pon tu corazón, tu alma y ganas en realizar tu sueño. Y comienza a actuar en la dirección que te proporcione lo que deseas.

La libertad


Libertad, es una palabra maravillosa que, me animaría a decir sin temor a equivocarme, la es para cada ser que habita este planeta.

Todos asociamos a la libertad con algo, por ejemplo; “si tuviera dinero sería libre…” o, “si mi trabajo fuera viajar, me sentiría libre…”, en fin, las variantes pueden ser infinitas y en difinitiva es sinónimo de felicidad.

¿Pero es en verdad así? ¿Alguna vez nos pusimos a pensar qué significa realmente para nosotros? Probablemente, cuando éramos chicos y estabamos entrando en la adolescencia, ser libres era crecer más rápido y ser grandes para “hacer lo que yo quiera”. Y cuando crecimos y nos convertimos en adultos, se nos empezó a complicar; los deberes, obligaciones, responsabilidades y mandatos varios, tanto familiares como sociales, nos hicieron ver la Libertad como algo que sólo existía en los libros o una sensación de la cual gozábamos por corto tiempo.

En mayor o menor medida, todos hemos tenido a lo largo de nuestra historia, uno o varios, momentos de crisis, donde el dolor, la angustia o quizás la rabia nos han hecho sentir atrapados, sin salida.

Es probable también, que en esos momentos desesperantes, nos haya sorprendido algún pequeño “flash” donde sentimos que la salida estaba dentro nuestro.

Pero vayamos a las cosas de todos los días, a las limitaciones cotidianas. Cada, “no puedo…”, “no sé si me animo…”, “no tengo dinero, o suerte, o pareja, etc.”, “no sé si me irá bien…”; son pequeñas cárceles que nos construimos. Cada vez que decimos una de estas frases nos creamos un cerco que nos impide ir más allá e incluso no nos deja ver el mundo de infinitas posibilidades que nos rodea.

El miedo automáticamente nos encierra, nos limita, nos hace caminar en círculos. Es el que nos paraliza y ya es tiempo de que empecemos a desarmarlo pues que se achique o se agrande, depende exclusivamente de nosotros.

Desbaratarlo, es un trabajo de cada día, enfrentando de a una las situaciones en las que el miedo se hace presente. A lo mejor, no lo logramos la primera vez, pero si insistimos tenemos el éxito asegurado

No nos olvidemos que muchas veces es más grave el miedo al miedo que a lo que realmente vamos a enfrentar o resolver.
Probemos cambiar nuestra actitud en lo de todos los días, y en cada pequeño triunfo, vamos a experimentar la libertad, y esa misma sensación nos va a dar fuerzas para hacer cambios cada vez más importantes. Las llaves de la cárcel están en nuestro poder y sólo nosotros podemos decidir cuando usarlas.

Abrirnos al Amor y aprender el respeto, nos ayudará a encontrar el camino hacia la más extraordinaria experiencia: La Libertad