Estar vivos


La mejor noticia que podemos recibir cada mañana es la de que aún continuamos con vida; sin embargo, lo más probable es que esta mañana tu hayas abierto los ojos, te hayas levantado apresuradamente y, aunque suene ilógico, te hayas percatado de todo, menos de que aún estás vivo.

¿Cuál es la diferencia entre vivir inconsciente de que se disfruta de estar vivo, y vivir consciente de estar gozando del privilegio de estar vivo?

La diferencia estriba, indiscutiblemente, en que sin estar consciente de estar vivo, no se valora la vida; en cambio, estando consciente, se agradece la gracia de estar vivo, y se valora por lo tanto, cada uno de los instantes en que uno permanece con vida.

Asegurar, de acuerdo al adagio popular, que “nadie sabe lo que tiene hasta que lo pierde”, resulta demasiado fatalista: hay personas que en este mundo sí saben lo que tienen (la vida), y disfrutan de ella compartiéndola con las de los demás.

Se tu una de estas personas. No caigas en el error de no saber lo que tienes hasta que lo hayas perdido; resístete a formar parte de ese “nadie” que nunca supo que tenía vida y, por lo tanto, nunca supo valorarla.

Piensa cuál sería la reacción de una persona que hubiera muerto y que de repente, milagrosamente, se le otorga vida de nuevo.

Tu no tuviste que morir ayer para estar vivo hoy; sin embargo, ese regalo te fue otorgado nuevamente y no deja de ser el más maravilloso que hay.

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Rompe tus cadenas

Cuando sientas helarse tu alegría ante la sonrisa burlona de otro; cuando veas desfallecer tu corazón ante la desgana de los maliciosos; cuando tu ambición se limite a querer lo que todo el mundo quiere; cuando seas prisionero de los demás, del que dirán, revélate y no admitas otro guardián que la pureza de tu conciencia.

Si tu alma está ligada a un cuerpo indómito; si tu corazón esta sumergido en una sensibilidad exasperada; si tu inteligencia está oscurecida por las pasiones incontroladas; si eres el prisionero de ti mismo; por no saber luchar contra esa “droga” que te mata a ti y a los que te aman… Lucha con ellos para hacerte esclavo de un ideal y ser dueño de tu propio destino.

No dejes que el volante de tu vida lo conduzca nada que no se te haya dado por naturaleza.
Si tus limites son el fruto de tus repulsas; si tu todo no es nada porque no está compartido; Si estas vacío por estar demasiado lleno de ti mismo; si eres el prisionero de tu egoísmo:
Llora sobre los muros de tu vida.
Maldice tus fronteras.
Rompe tus cadenas.
Abraza el mundo que te fue entregado con tus manos liberadas y ruega al amor que no te abandone nuca.
¡Has nacido para ser libre!

Cuando la libertad desaparece, el hombre pierde su razón de existir.

No seas Tú, tu propio asesino. No mates con conductas absurdas el regalo que te dieron al nacer.

El mayor mal que amenaza a la humanidad no es la bomba atómica, ni las guerras… son las enfermedades que nosotros mismos nos buscamos, cuando enviciamos nuestros cuerpos y olvidamos que es nuestro santuario.

No valen las excusas baratas y manidas, de que las circunstancias de tu alrededor te han llevado a lo que eres y haces… porque nadie te obliga a destruirte a ti mismo, solo hay que decir No.

No a que decidan por mí, yo guío mi destino
No a hacer lo que hacen todos, yo sé lo que quiero
No a seguir modas estúpidas, yo soy mi modelo.

NO y NO a todo lo que me convierte en un juguete, en una sombra.

NO a encerrarte en ese circulo vicioso que te hace rodar cuesta abajo, hasta destruirte.

Pínchate cada día de esperanza, inhala aires de alegría, fúmate la voluntad a paquetes, bebe copas llenas de optimismo, que te hagan ser ese Ser maravilloso que todos tenemos dentro.

Rompe tus cadenas.

Desconozco el auto

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Pasión y entrega

Tiene fuerza este pensamiento del filósofo francés René Descartes:

“La pasión es el único abogado que siempre convence.

El hombre más simple será más persuasivo que el más elocuente que carezca de pasión”.

Pocas barreras frenan a a aquel que busca una meta con pasión o con un deseo vehemente.

La pasión es el motor de las grandes obras.

La pasión es una entrega total a lo que se hace, unida a las ganas y al compromiso.

Es una cualidad que acompaña a los que se valoran y destierran las dudas con una firme confianza y un trabajo tesonero.

Para lograrlo gozan de buenas amistades y suelen tener como modelos a los grandes hombres.

Son personas que hacen memoria no de sus fracasos sino de sus éxitos y aprovechan al máximo el presente.

No viajan al ayer con la culpa ni al mañana con la preocupación y llenan su alma de luz y optimismo.

Su pasión los convierte en agentes del bien y en seres felices.

Uno pierde lo que quiere

Perdí un juguete que me acompaño en mi infancia…
Pero gané el recuerdo del amor de quien me hizo ese regalo.

Perdí mis privilegios y fantasías de niña…
Pero gané la oportunidad de crecer y vivir libremente.

Perdí a mucha gente que quise y que amo todavía…
Pero gané el cariño y el ejemplo de sus vidas.

Perdí momentos únicos de la vida por que lloraba en vez de sonreír, …
Pero gané descubriendo que es sembrando amor, como se cosecha amor.

Yo perdí muchas veces y muchas cosas en mi vida…
Pero junto a ese “perder” hoy intento el valor de “ganar”.

Por que siempre es posible luchar por lo que amamos, y por que siempre hay tiempo para empezar de nuevo.

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Disfruta la vida


Cuenta L. Tolstoi que un hombre rico y emprendedor se horrorizó cuando vio a un pescador tranquilamente recostado junto a su barca, contemplando el mar y fumando apaciblemente su pipa, después de haber vendido el pescado.
“¿Por qué no has salido a pescar?” –le preguntó el hombre emprendedor.
“Porque ya he pescado bastante por hoy” –respondió el apacible pescador.
“¿Por qué no pescas más de lo que necesitas?” –insistió el industrial.“¿Y qué iba a hacer con ello?” –preguntó a su vez el pescador.
“Ganarías más dinero –fue la respuesta– y podrías poner un motor nuevo y más potente a tu barca. Y podrías ir a aguas más profundas y pescar más peces. Ganarías lo suficiente para comprarte unas redes de nylon, con las que sacarías más peces y más dinero. Pronto ganarías para tener dos barcas… Y hasta una verdadera flota. Entonces serías rico y poderoso como yo”“¿Y que haría entonces?” –preguntó de nuevo el pescador.
“Podrías sentarte y disfrutar de la vida” –respondió el hombre emprendedor.
“¿Y qué crees que estoy haciendo en este preciso momento?” respondió sonriendo el apacible pescador.

Los pequeños detalles

El alumno, según él, había terminado el cuadro. Llamó a su maestro para que lo evaluara. Se acercó el maestro y observó la obra con detenimiento y concentración durante un rato. Entonces, le pidió al alumno la paleta y los pinceles. Con gran destreza dio unos cuantos trazos aquí y allá. Cuando el maestro le regresó las pinturas al alumno, el cuadro había cambiado notablemente.

El alumno quedó asombrado; ante sus propios ojos la obra había pasado de mediocre a sublime. Casi con reverencia le dijo al maestro:
¿Cómo es posible que con unos cuantos toques, simples detalles, haya cambiado tanto el cuadro?

Es que en esos pequeños detalles está el arte. Contestó el maestro.
Si lo vemos despacio, nos daremos cuenta que todo en la vida son detalles.

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El carácter (II)

Lo propio siempre será asumir siempre nuestra responsabilidad en cualquier caso, lo que nos lleva a evitar mentir o dar pretextos y justificaciones cuando cometimos un error por negligencia.

En este rubro se considera el evadir algunas tareas que nos son particularmente desagradables, como aparentar demasiado trabajo para que nuestro jefe no nos asigne una tarea extra para el día de hoy.

De alguna forma todo aquello que tenemos en nuestro interior, lo manifestamos muchas veces sin darnos cuenta: los días pasarán lentamente si continuamente estamos pensando en que llegue el fin de semana para liberarnos, y así dedicarnos a descansar, ponernos cómodos y divertirnos, en pocas palabras: pereza.

Poca fortaleza interior se ve reflejada en las quejas que hacemos por todo:
la cantidad de trabajo, del clima, del tráfico… si algo solucionamos, adelante.

Nuestro trato a los demás siempre debe ser cordial, y no sólo eso, hay que evitar por todos los medios criticar o que se haga crítica de las personas.
Esto sólo refleja envidia y vano amor propio.

Para formar el carácter es necesario tener dominio sobre nuestra persona, mediante pequeñas, pero continuas acciones que hagan más fuerte nuestra voluntad, principalmente:

Hacer pequeños esfuerzos que nos ayuden a dominar nuestros gustos y caprichos, tales como:
Levantarse 10 minutos antes de lo normal, comer un poco menos de aquello que más nos gusta.
Ver menos tiempo la televisión o en su defecto ver el noticiero completo.

* Hablar bien de las personas, siempre.

* Llegar al trabajo o a la casa con una sonrisa.

* Saludar con educación y cortesía a todas las personas.

* Aprender a escuchar y considerar las opiniones y consejos que nos dan.

* Pedir perdón si ofendimos o hicimos pasar un mal momento a alguien, por nuestro mal humor.

* Hacer con empeño las cosas que consideramos poco agradables.
Si nos confían algo, es porque se tiene la confianza de que esta en nuestras posibilidades realizarlo.

* Cumplir con las promesas y compromisos que hemos hecho.

* Proponerse varios retos personales: trabajar mejor, aprender algo nuevo, mejorar nuestro trato hacia los demás, etc.

La persona que verdaderamente tiene carácter no ve obstáculos, sino retos;
domina sus impulsos para ser dueño de su voluntad:  conserva amistades y relaciones por los valores que transmite; encuentra alegría en lo que hace,  sin conformarse con ser feliz a través de los placeres pasajeros.

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El carácter (I)

El tener carácter implica una decisión firme y una férrea voluntad, para proponernos objetivos y alcanzarlos, en la medida de nuestras posibilidades; el cultivo de los buenos hábitos, la actitud positiva hacia el trabajo y el esfuerzo por dominar a nuestros impulsos y al egoísmo.

El transformar la imagen de una personalidad emprendedora, llena de energía, de fuerza y vitalidad, a una forma de ser propia y natural, es sin lugar a dudas, algo atractivo para cualquier persona.

Con cierta facilidad podríamos calificar si una persona tiene carácter o no, dependiendo de las actitudes que consideramos como positivas, o en su defecto, con falta de firmeza y según sea el caso.

Esta valoración que hacemos de los demás, ¿la hacemos para nuestra persona sin tratar de engañarnos nosotros mismos?

En algunos momentos se ha malentendido el “tener carácter” como sinónimo de rudeza, prepotencia, altanería u obstinación.

Por otra parte, no siempre se ha identificado la falta de carácter con las quejas continuas por el trabajo y todo lo que implica, las labores domésticas los estudios… y en general de todo aquello que de alguna manera nos incomoda.

Una persona con carácter tiene retos constantes, no contra los demás, sino para consigo  mismo.

Cada reto personal es una manera de forjar un carácter recio, firme y decidido, incapaz de detenerse ante los obstáculos, de lamentarse por el cansancio o cuando las cosas salen mal.

Podemos revisar algunos aspectos de nuestra vida, que seguramente nos ayudarán a descubrir si estamos formando adecuadamente nuestro carácter:

En la oficina, la escuela o en el hogar y con todas sus variantes ¿Cómo es nuestro trabajo?

Hablamos de trabajar con intensidad, sin perder demasiado tiempo en el café o en la plática, procurando hacer las cosas en el momento, sin detenernos a buscar si hay algo más fácil que hacer.

Además es necesario considerar como un deber, el terminar todo lo que hemos comenzado sin distraernos en otra cosa, aunque estemos cansados y procurando hacerlo lo más perfecto posible.

“Ser” frente a “tener”

Era un rey que tenía montones de joyas. Un día el diamante más grande se cayó al suelo, pero nadie pudo encontrarlo. A medianoche, un ratoncito andaba buscando algo para comer y vio el diamante; trató de empujarlo hasta su agujero, pero no pudo. Llamó a varios ratoncitos y, empujando todos, lograron meter el diamante por el agujero, pero cayó tan profundo que jamás lo pudieron alcanzar. Entonces un ratón preguntó: ¿Para qué sirvió empujar tanto? Nadie tuvo una respuesta apropiada.

Tener es una de tantas adicciones de los humanos, muy sutil y atrayente, pero destructora de la persona. Vivimos en la cultura del tener, del poseer, del acaparar. Quien no tiene dinero, cultura, tierras… no vale.

Para vivir necesitamos tener; pero la meta de muchos es simplemente tener y gozar de lo que tienen. Cuando la persona se preocupa sólo de tener… el “ser” no tiene cabida. La cultura del tener no pregunta quién eres, sino cuánto tienes…

La pasión del tener termina convirtiendo al “propietario” en prisionero de lo que tiene, esclavo de lo que posee. El que ama las riquezas jamás se ve saciado. “Quien ama el dinero no se harta de él”. No cabe duda de que el dinero seduce, pues con él se consigue todo o casi todo: fama, honra, vida suave, respeto… “Poderoso caballero es Don Dinero”. Por él muchos se han hecho cautivos de la avaricia y prisioneros de sus caprichos.

En el tener desbocado, sin mesura, no hay una relación viva entre el yo y lo que tengo. Las cosas y yo nos convertimos en objetos; yo las tengo, porque tengo poder para hacerlas mías; pero también existe una relación inversa: las cosas me tienen, debido a que mi sentimiento de identidad, o sea, de cordura, se apoya en que yo tengo cosas (tantas como me sea posible).

La persona sensata y equilibrada tiene que elegir entre “ser” o “tener”. Pero si uno opta por el tener es difícil, casi imposible, que sea él mismo.

Tener y ser los podemos llevar a lo más sagrado que es el amor. Experimentar el amor en la línea del tener es aprisionar, cerrar, cortar alas a lo que se ama. Cuando se ama de verdad, hay respeto, libertad, cuidado de la persona, paz, alegría, aumento de vitalidad.

Algunos matrimonios, en vez de amarse, acuerdan compartir lo que tienen: dinero, casa, hijos… Más que una familia, parecen empresas…

El tener lleva en nuestros días a otra actitud: consumir todo lo que cae en las manos, devorar todo lo que está a nuestro alcance. Se consume la televisión, el sexo, el coche… de tal forma que muchos llegan a pensar que “ser” es el resultado de lo que tengo y consumo.

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Distintas maneras de ver la vida

Todos actuamos de tal modo que buscamos aumentar nuestro placer y disminuir nuestro dolor.

La percepción que tenemos de las cosas, incluidas el placer y el dolor es diferente para cada persona. Para unos el umbral del dolor, ya sea físico o psíquico, se encuentra en un determinado grado mientras que otra persona puede ser más o menos sensible.

Lo mismo ocurre con el placer. Unos disfrutan con una buena comida y otros comen por obligación. Unos sienten placer al escuchar una aria de Rigoletto mientras que otros no sienten mas que aburrimiento.

Podemos incluso, por tanto a detestar lo que otro ama, o amar lo que otro aborrece.

Además, desde otro punto de vista, la manera de intentar incrementar nuestro placer o disminuir nuestro dolor puede discrepar sensiblemente de una persona a otra.

Normalmente podemos distinguir dos tipos de enfoques.

Por un lado se encuentran aquellos que tienen la tendencia de moverse hacia algo, en sentido positivo para incrementar su placer. Por otro lado se encuentran aquellos que se mueven alejándose del dolor, de aquello que les disgusta o que les hace sufrir.

El planteamiento es totalmente antagónico ante un mismo estímulo.

Bernardo se levanta de la cama rápidamente por la mañanas con la angustia de perder el autobús, llega a la oficina diligentemente por miedo a que su jefe le regañe por llegar a tarde, piensa en desarrollar su trabajo lo mejor posible para que nadie pueda tener queja de él. Intenta ascender en la empresa por miedo a no responder al perfil que sus superiores tengan de él y le despidan. Quiere ganar más dinero para que su familia no pase hambre, su mujer no le abandone y sus hijos no puedan decir de él que es un fracasado. Al mismo tiempo intenta ahorrar para su jubilación para no pasar calamidades y no depender de nadie.

Alberto, que trabaja en la misma empresa que Bernardo, se levanta por las mañanas ilusionado con el nuevo día. Salta de la cama motivado por algo placentero que le espera (el sabor del café con leche, el olor de las tostadas, el amanecer del nuevo día, etc…). Se propone cada día nuevos retos en su trabajo porque le ilusiona conseguirlos y así ascender en la empresa. Quiera ganar el mayor dinero posible para que su familia disfrute con él. Está ahorrando para su jubilación porque entonces tiene pensado dedicarse a viajar.

El tipo de recompensas también nos distingue a unos de otros. Alcanzar el éxito no siempre significa lo mismo para unos que para otros. Para unos es suficiente la satisfacción interna de un trabajo bien realizado. Para otros es imprescindible que lo que hacen sea reconocido por los demás.

No cabe duda de que todos estos factores vienen marcados por la educación desde la infancia. A unos se les enseña a huir del peligro, a otros a jugar con él. Unos se dejan llevar por la vida, otros se empeñan en dirigirla ellos mismos.

La manera de enfocar la vida crea afinidades y desencuentros entre las personas.

Es lógico “conectar” mejor con alguien con una misma visión de la vida que la nuestra, mientras que si nos tropezamos con alguien con un tipo de perspectiva contraria a la nuestra podemos sentir una cierta incomprensión hacia ella.

“¿Cómo es posible que Bernardo no sea más ambiciosos en la vida, con lo brillante que es?- piensa Alberto”.

“¿Cómo es posible que a Alberto le guste el paracaidismo? Es absurdo jugarse la vida de esa manera teniendo mujer e hijos – piensa Bernardo”.

Son distintas maneras de afrontar la vida. Cualquiera de ellas es tan válida como la otra. Lo importante es que cada uno se sienta satisfecho y cómodo con su manera de vivirla.

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