La edad del sol



A la soledad yo la llamo edad del Sol, la edad de la madurez, cuando yo se ser mi propia compañía, cuando yo me puedo acompañar, cuando mi compañía es interior porque estoy conmigo. Cuando puedo estar conmigo puedo estar contigo, eso es conquistar esa posición de madurez en la cual nosotros nos aceptemos sin temor y no busquemos huir de los vacíos porque el vacío es el lugar donde yo puedo encontrar mi propia esencia, el alma, la mente superior que hay en mi.

Una vez que yo se estar en soledad y estar conmigo conquisto la serenidad, es otra propiedad del alma hay gente que te induce serenidad, tu te sientas al lado de una persona y tienes una sensación de paz, de serenidad tan infinita, tu no sabes de donde viene, pues eso viene de que esa persona ha conquistado el fondo de si mismo, el fondo de su océano, que sus aguas están en calma que sus emociones están en calma, porque son transparentes, esa persona tiene una virtud terapéutica.

La serenidad se exterioriza a través de la calma, la calma exterior es producto de la serenidad interior y ambas son producto de saber estar en mi propia compañía, pero cómo si no puedo estar contigo ¿Te puedo acompañar?, yo te acompaño cuando soy mi propia compañía, cuando tengo solidez, cuando estoy contigo, pero te acompaño desde mi silencio desde mi serenidad y desde mi calma. Cómo te hablo de que no le tengas miedo a la muerte si yo estoy muerto del miedo?, yo tengo que tener calma para poder hablar desde la vida, sino son palabras huecas que no tienen ningún sentido terapéutico.

Autor desconocido

 

2 thoughts on “La edad del sol

  1. bigsplash 30/05/2008 / 15:32

    Es cierto; muchos hombres en el mundo; de manera especial los Santos; son los precursores de la soledad y el ascetismo, porque a través de ella lograron -y logran los de nuestro tiempo-, su ascenso a niveles superiores de vida espiritual, siguiendo el ejemplo del Señor de la Vida; donde el concepto de negarse a sí mismo para crecer en los demás, es la verdadera soledad plena.

    Creo que el hombre que lleve a la práctica la oración siguiente, habrá alcanzado aquella soledad, pero con una gran compañía, la de aquellos que siguieron al ruta de Aquél que dijo de Sí Mismo: “Yo soy el camino, la verdad y la vida”:

    Oh, Señor, hazme un instrumento de Tu Paz .
    Donde hay odio, que lleve yo el Amor.
    Donde haya ofensa, que lleve yo el Perdón.
    Donde haya discordia, que lleve yo la Unión.
    Donde haya duda, que lleve yo la Fe.
    Donde haya error, que lleve yo la Verdad.
    Donde haya desesperación, que lleve yo la Alegría.
    Donde haya tinieblas, que lleve yo la Luz.

    Oh, Maestro, haced que yo no busque tanto ser consolado, sino consolar;
    ser comprendido, sino comprender;
    ser amado, como amar.

    Porque es:
    Dando , que se recibe;
    Perdonando, que se es perdonado;
    Muriendo, que se resucita a la
    Vida Eterna.
    __________________________
    Hermoso sería que todos arribásemos a esta “Edad del sol”. Pertenece a San Francisco de Asís.

    Gracias por compartir “La edad del sol” y felicitaciones por el blog.

  2. Tibisay 03/10/2013 / 14:53

    Articulo muy refrescante y muy cierto…. solemos satanizar a la soledad… Cuando en realidad ella, al sentirla nos centra…. Nos hace volver a nuestros adentros… al desnudo y hasta sin piedad…

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