Cuando me amé de verdad


Cuando me amé de verdad, pude comprender que, en cualquier circunstancia, yo estaba en el lugar indicado, en la hora cierta. Entonces me pude relajar.

Cuando me amé de verdad, pude percibir que el sufrimiento emocional es señal de que estoy yendo contra mi verdad.

Cuando me amé de verdad, paré de desear que mi vida fuese diferente y comencé a ver que todo lo que acontece contribuye a mi crecimiento.

Cuando me amé de verdad, comencé a percibir cómo es ofensivo forzar alguna cosa o persona que todavía no están preparadas, inclusive a mí misma.

Cuando me amé de verdad, comencé a liberarme de todo lo que no fuera saludable.
Esto quiere decir: personas, tareas, creencias y cualquier cosa que me impidiese avanzar.

Mi razón llamó a eso “egoísmo” pero hoy yo sé que fue “amor propio”.

Cuando me amé de verdad, dejé de temerle a mi tiempo libre y desistí de seguir haciendo planes.

Hoy hago lo que me parece está bien y a mi propio ritmo. ¡Cómo es de bueno esto!

Cuando me amé de verdad, desistí de seguir reviviendo el pasado y de preocuparme por el futuro, esto me mantiene en el presente, que es dónde la vida ocurre.

Cuando me amé de verdad, supe que mi mente me puede atormentar y decepcionar.
Pero cuando yo la coloco al servicio de mi corazón, ella se convierte en una gran y valiosa aliada.

Autor desconocido

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