El deseo



Como deseo podemos entender esa atracción que nos empuja hacia un objeto o hacia una persona que creemos va a llegar a completarnos. Lo que los griegos conocían como eros, por desgracia ha ido perdiendo ese significado más universal para reducirse simplemente a algo sexual.

Ese deseo puede ir impulsado por esa supuesta necesidad de conseguir a Pedro o un Ferrari, así ese insistente deseo nos hace creer que en el momento que consigamos la persona o el coche deseado sentiremos una inmensa sensación de satisfacción.

Nos parece lógico que cuando consigamos lo deseado la felicidad llegará a nosotros y esa sensación de vacío o de insatisfacción desaparecerá.

Puede incluso que nuestra vida gire únicamente entorno a la consecución de dicho deseo. Esto puede llevarnos a la decepción,en el momento en que consigamos aquel elemento deseado y comprobemos que la felicidad no es tan plena.

Nos parece totalmente lógico que con Pedro completaremos la ficha del puzzle que nos faltaba y con el Ferrari nuestros días de aburrimiento se habrán terminado de una vez por todas.

También es cierto que por desgracia o por fortuna el deseo humano es insaciable, una vez satisfechas nuestras necesidades biológicas, el deseo nos sigue acosando constantemente, sin que en muchos casos seamos totalmente conscientes de ello. No pudiendo así ponerle fin.

No se trata de una cuestión psicológica, sino más bien se trata de algo totalmente arraigado a nuestro ser, es algo innato en nosotros.

Esta serie de deseos no tienen fin, ya que una vez hemos conseguido la falda que estabamos buscando, nuestro objetivo se convierte en unos zapatos de tacón a juego, que me sentarán muy bien con una blusa del mismo color y un sombrero de paja con el que protegerme del sol.

O buscamos un coche de alta gama con el que pasearnos por nuestra ciudad, y una vez conseguido, cuando sacan el siguiente modelo con muchas mas prestaciones y un diseño totalmente innovador, queremos cambiarlo por el que nos habíamos comprado hace un año, y así sucesivamente.

De este modo nos convertimos en las víctimas de la decepción, porque en cuanto alcanzamos nuestro objetivo ya tenemos en mente otro, y así repetidamente.

Como casi todo en la vida, el deseo es bueno en su justa medida y siempre que sepamos llevarlo adecuadamente.

Podríamos hablar de un cuchillo de doble filo: como una bendición o maldición, como un remedio o un auténtico veneno, algo celestial o demoníaco. Todo depende de cómo sepamos llevarlo y si sabemos escapar de las garras del deseo desmesurado.

Toda adicción es negativa, ya que nos lleva a olvidarnos de todo y solo pensar en la “dosis” necesaria sin pensar en lo que vamos y los que vamos destruyendo por el camino.

Hasta aquí hemos visto el lado oscuro del deseo, sin embargo no se reduce solo a esto, también tiene su lado positivo.

Se trata de desarrollar lo mejor de nosotros mismos, lo más positivo que cada persona llevamos dentro.

El deseo nos puede empujar también a realizarnos día a día, así como a superarnos. Se trata de buscar deseos sanos, que nos empujen a ser creativos, solidarios trabajadores, emprendedores etc.

R.H. Juste

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