¿Acaso hay otra forma de vivir?


Aprendamos a amar lo que tenemos y la amargura nunca tocará nuestras vidas.

Una mujer se quejaba, en una reunión, de que su marido siempre estaba en casa, Cuando él salía del trabajo de inmediato se trasladaba a su hogar. Sábados y domingos se hallaba ahí de tiempo completo. Su malestar consistía en nunca poder estar sola. Esta situación se le había convertido en un auténtico fastidio. En cambio, otra de las asistentes a la reunión, se lamentaba que su pareja viajaba demasiado y era muy poco el tiempo que compartían. Una más, se sentía fastidiada porque su madre siempre estaba pendiente de ella, la llamaba todos los días y constantemente preguntaba por su salud. Una señora, de mediana edad se dedicó a quejarse que la tarde de su trabajo se le hacía rutinario y, por la cantidad de problemas que tenía a diario que resolver, muy pesado. Así, el grupo de mujeres que se había reunido para compartir una taza de café, más bien parecía una manifestación de mártires graduadas, cuyo único afán era compartir sus amarguras, o al menos parecía una competencia de quien sufría más. Por supuesto, en su opinión, cada una de ellas se merecía el galardón del primer lugar, pues nadie de las presentes la podía superar.

Yo cambié de óptica y traté de analizar lo positivo que contenía la situación de cada mujer. De la que se quejaba de la presencia de su esposo, su bendición era tener alguien que siempre la acompañaba; de aquélla que se lamentaba de la ausencia de su pareja, su bendición era tener tiempo para dedicarse a otras cosas; quien no soportaba su trabajo, su bendición era tenerlo, y qué decir de la bendición de tener una madre que cariñosamente se ocupa de su hija. Concluí que toda bendición no aceptada se convierte en maldición.

Es usual tropezarse con personas que han hecho de sus vidas un calvario, pues han perdido la dimensión positiva de sus circunstancias, convirtiéndose en inconformes negativos.

Creo que les produce una gran satisfacción recibir la compasión de los demás, de hecho, es un juego psicológico para manipular el reconocimiento, obedece a una necesidad inconsciente de recibir caricias. Por supuesto, en un juego mortal, pues perdemos la vida, porque en lugar de crecer en la intimidad y construir una valiosa relación, nos dedicamos a desperdiciar el recurso más valioso, no renovable e irrecuperable, que es el tiempo.

Miguel Angel Cornejo,

One thought on “¿Acaso hay otra forma de vivir?

  1. danielfuengirola 29/06/2008 / 16:43

    Vivir en el victimismo es un valor de defensa ante la infelicidad, infelicidad creada por uno mismo ante la incapacidad de apreciar lo bueno de la vida.
    Un saludo.

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s