El carácter (I)


Lo propio siempre será asumir siempre nuestra responsabilidad en cualquier caso, lo que nos lleva a evitar mentir o dar pretextos y justificaciones cuando cometimos un error por negligencia.

En este rubro se considera el evadir algunas tareas que nos son particularmente desagradables, como aparentar demasiado trabajo para que nuestro jefe no nos asigne una tarea extra para el día de hoy.

De alguna forma todo aquello que tenemos en nuestro interior, lo manifestamos muchas veces sin darnos cuenta: los días pasarán lentamente si continuamente estamos pensando en que llegue el fin de semana para liberarnos, y así dedicarnos a descansar, ponernos cómodos y divertirnos, en pocas palabras: pereza.

Poca fortaleza interior se ve reflejada en las quejas que hacemos por todo:
la cantidad de trabajo, del clima, del tráfico… si algo solucionamos, adelante.

Nuestro trato a los demás siempre debe ser cordial, y no sólo eso, hay que evitar por todos los medios criticar o que se haga crítica de las personas.
Esto sólo refleja envidia y vano amor propio.

Para formar el carácter es necesario tener dominio sobre nuestra persona, mediante pequeñas, pero continuas acciones que hagan más fuerte nuestra voluntad, principalmente:

Hacer pequeños esfuerzos que nos ayuden a dominar nuestros gustos y caprichos, tales como:
Levantarse 10 minutos antes de lo normal, comer un poco menos de aquello que más nos gusta.
Ver menos tiempo la televisión o en su defecto ver el noticiero completo.

* Hablar bien de las personas, siempre.

* Llegar al trabajo o a la casa con una sonrisa.

* Saludar con educación y cortesía a todas las personas.

* Aprender a escuchar y considerar las opiniones y consejos que nos dan.

* Pedir perdón si ofendimos o hicimos pasar un mal momento a alguien, por nuestro mal humor.

* Hacer con empeño las cosas que consideramos poco agradables.
Si nos confían algo, es porque se tiene la confianza de que esta en nuestras posibilidades realizarlo.

* Cumplir con las promesas y compromisos que hemos hecho.

* Proponerse varios retos personales: trabajar mejor, aprender algo nuevo, mejorar nuestro trato hacia los demás, etc.

La persona que verdaderamente tiene carácter no ve obstáculos, sino retos;
domina sus impulsos para ser dueño de su voluntad:  conserva amistades y relaciones por los valores que transmite; encuentra alegría en lo que hace,  sin conformarse con ser feliz a través de los placeres pasajeros.

Autor desconocido

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