Permitirse ser debil

Imagen 3
Permitirse llorar no es fácil. Nos han educado para ser fuertes, ser árboles de pie ante las adversidades de la vida.
Muchas veces sentimos angustia, el pecho dolorido ante tantas presiones  y seguimos caminando, no nos detenemos a llorar:  “Debes ser fuerte…”, “Llorar es de los débiles…”,  “Los hombres no lloran…”,  “Llorar es sinónimo de flaqueza…”

Tantas frases hemos escuchado en nuestra infancia, en nuestra juventud que, ante el dolor, la pérdida, las injusticias, el fracaso no nos permitimos llorar  y agobiados ante tantas presiones y exigencias en esos pequeños instantes íntimos, “nuestros”, cuando estamos solos, nos dejamos llevar y las lágrimas que ahogaban nuestro ser empiezan a brotar…

Sufrir la pérdida de ciertas cosas es inherente a la vida del ser humano. Muchas veces las cosas que perdemos  o que se rompen en nuestras vidas son irreemplazables y ni siquiera nosotros mismos podemos repararlas.

Los que nos quieren, muchas veces pueden ayudarnos a aliviar nuestro dolor y a soportar las pérdidas.

Cuando somos padres, tratamos de demostrar a nuestros hijos que somos fuertes, que nada nos quiebra, que nada nos duele, ya que tememos dañarlos con nuestras debilidades y con nuestras lágrimas…. ¡qué equivocados estamos…!

Ellos saben de nuestras tristezas y de nuestras alegrías. Tan sólo con mirarnos, con abrazarnos, con acariciarnos, perciben nuestro dolor.

No pidamos permiso para llorar, si sentimos que no podemos contener nuestras lágrimas, si sentimos que el corazón nos duele: Lloremos… No tenemos que ser fuertes todo el tiempo,  toda la vida.

Debemos permitirnos ser, por momentos, débiles y dejar que nuestros sentimientos salgan.

Desconozco su autor

Vale más una flor

flower030

Aquel fiel criado aguantaba las impertinencias de su viejo patrón, por la promesa de que “estaba presente en su testamento”. Así pasaron largos años, llenos de amarguras y vejaciones, soportadas con la esperanza de la herencia prometida. Cuando finalmente murió aquel hombre, y el testamento fue leído, el pobre sirviente descubrió que lo que su señor le había dejado era “el honor de, al morir, ser enterrado en el cementerio de la familia”. Eso era todo. Pienso que el desilusionado hombre hubiera preferido quinientos dólares en vida, a todos los honores del mundo, después de muerto. Bien dice el dicho: “Vale más una flor para el que está vivo, que una corona completa para el que se ha ido”.

Y hablando de flores, cuenta una leyenda persa, que el poeta Sadí, cuando en su juventud era esclavo, dio a su amo una hermosa rosa, acompañada de un sencillo poema: “Haz bien a tu siervo mientras puedas hacerlo, pues el tiempo para poder hacerlo es tan transitorio como la belleza de esta flor”. Parece ser que esta hermosa verdad tocó el corazón del amo de tal manera, que le dio la libertad al que más tarde llegó a ser clásico de las letras persas. Y esa misma verdad debería movernos a ti y a mí. Hagamos el bien a quienes nos rodean, pues “el tiempo para hacerlo es tan transitorio como la belleza de una flor”.

¿Puedes tu regresar las agujas del reloj y hacer retornar el pasado? ¿Puedes ir atrás en el tiempo y corregir el mal que hayas hecho, o hacer el bien que no hiciste? No, el ayer, para bien o para mal, ha quedado sepultado para siempre.
Pero tienes el día de hoy. ¿Te has preguntado alguna vez por qué se te permite vivirlo?
¿Será una oportunidad más de disfrutar de la vida y facilitar que los demás la disfruten también? Creo que hay una enorme sensatez en vivir el presente. Si amas a tus hijos, acarícialos hoy, mañana se habrán ido. Si haz de ayudar a un amigo, hazlo hoy, quizá mañana ya no lo necesite, ni tu puedas oírlo.

LO NEGATIVO: Decidirnos a actuar en beneficio de los demás, cuando ya no puedan disfrutarlo.
LO POSITIVO: Comprender que si deseamos hacer el bien, hoy es el tiempo para hacerlo”

Desconozco su autor

Ganar la batalla

3355096172_654a9d46121

Durante una batalla, un general japonés decidió atacar aún cuando su ejército era muy inferior en número. Estaba confiado que ganaría, pero sus hombres estaban llenos de duda. Camino a la batalla, se detuvieron en una capilla. Después de rezar con sus hombres, el general sacó una moneda y dijo, “Ahora tiraré esta moneda. Si es cara, ganaremos. Se es cruz, perderemos. El destino se revelará”.

Tiró la moneda en el aire y todos miraron atentos como aterrizaba. Era cara.
Los soldados estaban tan contentos y confiados que atacaron vigorosamente al enemigo y consiguieron la victoria. Después de la batalla, un teniente le dijo el general,

“Nadie puede cambiar el destino”.

“Es verdad”, contestó el general mientras mostraba la moneda al teniente, que tenía cara en ambos lados.

Obviamente la historia es irreal en el sentido de que una moneda no puede decidir nuestro futuro, sin embargo, nos deja muy claro que muchas veces, hemos perdido la batalla porque antes de iniciar nos creemos incapaces.
Es usual cuando hay exámenes por ejemplo, que muchos lo han perdido antes de iniciar, pues su actitud así lo propicia.

Todos tenemos muchas situaciones hoy en nuestra vida, y podemos enfrentarlas solos, con miedo, con angustia y creyéndonos perdedores.
Por mas cansado que te encuentres, por más difícil que veas la situación, aunque ya no sientas que tienes fuerzas. Puedes ganar, puedes vencer, puedes seguir adelante.

Desconozco su autor

Que dificil…

imagen-12

Qué difícil es mirar a los ojos a alguien y decirle “Te amo”…
todos los días…

Qué difícil encontrar que la vida tal y como es, es maravillosa…
y no renegar de aquello que no tenemos…

Qué difícil volver atrás y recordar todo lo bello que ha pasado…
pero sólo tomarlo como un recuerdo de lo bello que está por ocurrirnos…

Qué difícil es decirle adiós a alguien que ya no está contigo…
pero si no lo haces su recuerdo lo mantendrá más alejado de tí…

Qué difícil aceptar que a veces nos equivocamos…
es la señal inequívoca de que aún somos humanos…

Qué difícil amar sin condiciones y no esperar que te amen de la misma manera… ya que sólo el verdadero amor se da sin esperar nada a cambio…

Qué difícil recordar todo aquello que no hicimos por “falta de tiempo”… habrá que entender que la vida es hoy.  El tiempo… el tiempo puede esperar…

Qué difícil mirar a tu alrededor y ver sólo unos cuantos cercanos a tí…
y ver qué hermoso es que tengas gente que te aprecia y te quiere…

Es triste mirar dentro del espejo del alma y descubrir que esta vacío…
pero que una sola sonrisa o palabra puede llenar ese vacío de amor…

Qué difícil imaginar esa “Vida perfecta” que a todos nos gustaría tener… cuando la realidad es que vivimos una perfecta vida desde el momento mismo en que el día de hoy te levantaste…¡VIVO!

No se trata de que las cosas sean difíciles… somos nosotros mismos los que lo hacemos más duro.

Desconozco su autor

Niveles de afecto

heladas1

El primero es el más corriente y elemental, se le denomina “Amor si…”:
Te amo si eres bueno, si te portas bien conmigo, si cumples mis exigencias, si haces lo que me agrada, etc.

El segundo nivel,  al que comúnmente se llega, es el llamado “Amor porque…”:
Te amo porque tienes buenos sentimientos, porque te esfuerzas, porque has obtenido notas aceptables, porque eres honrado, etc.

Pero ninguna de esas dos formas de amar es verdadera. Ambas están basadas en condiciones, y las condiciones emanan un mensaje muy claro que es:  “Debes ganarte mi cariño con actitudes que me satisfagan, no olvides nunca que te querré más  mientras más te parezcas a mi…” Eso no es amor, sino un intercambio egoísta  en el que siempre queremos salir ganando.

El único y verdadero amor es el del tercer nivel, que debe practicarse entre los miembros de una familia, es decir:  “Te amo a pesar de tus errores y tus carencias”.  No es que los desatinos sean bienvenidos. No aceptamos el mal, más aún amamos a quien lo cometió.

Autor: Carlos C. Sánchez

Creer

Creer es tener la seguridad de que cada día es un nuevo comienzo, confiar en que los milagros realmente ocurren y que los sueños sí pueden hacerse realidad. Es entender la maravilla del cielo estrellado y la sabiduría del hombre sobre la luna.

Creer es entender el valor de un corazón amoroso, la inocencia en los ojos de un niño, y la belleza de una mano anciana, porque es con sus enseñanzas que aprendemos a amar.

Creer es hallar la fuerza y el valor dentro de nosotros cuando llega el momento de recoger los pedazos y empezar nuevamente.

Creer es tener el convencimiento de que no estamos solos, que la vida es un don y que ahora es nuestro momento de apreciarla.

Creer es tener la seguridad de que hay sorpresas maravillosas a la espera de ocurrir, y de que todos nuestros sueños y esperanzas están a nuestro alcance.

Desconozco su autor

Cada día

Cada día, hagamos algo de lo que podamos sentirnos orgullosos al día siguiente.

Cada día,  pensemos que es el primero, para vivirlo con sorpresa;  y el último,  para aprovecharlo como nuestra última oportunidad.

Cada día,  busquemos nuestra felicidad haciendo más feliz a algún otro.

Sembremos una semilla de cuyos frutos podamos vivir al día siguiente.

Renovemos nuestro corazón de tal manera que no quede amargura alguna para el   día siguiente.

No guardemos  nuestras sonrisas de hoy para mañana. Sólo podremos sonreír mañana, si hemos sonreído hoy.

Autor desconocido