Cada día


Hay más felicidad en dar que en recibir, y esto es absolutamente cierto.

La felicidad no está como un ente fuera de nosotros y se hace patente, sensible, cuando damos, cuando compartimos, cuando amamos.

Por eso si quieres ser feliz, aprende primero a dar y a amar y aprende de las cosas simples y sencillas que quizá puedan servirte.

No esperes oportunidad, créala. No busques amor, dalo tú. No pidas amistad, mejor concédela.

No desperdicies el sufrimiento y los errores, aprende de cada uno de ellos. No tengas prejuicios, ten disponibilidad.

Desprecia siempre lo vulgar, lo corriente, porque vales mucho más que las cosas que te da la vida.

Define cuál es tu verdad y defiéndela con orgullo, porque es absolutamente tuya.

Vive pensando en las cosas que la vida te otorga, no en las que no te ha dado, porque ni siquiera has buscado las oportunidades necesarias.

Y recuerda que los dones más valiosos son la paz, la alegría, el silencio, un buen libro, una buena canción, un gran amor, un buen recuerdo…

Cada día, sin importar si el año comienza o está terminando ya o estás justo a la mitad, es un buen momento para recapacitar lo que estás haciendo, lo que pienses, lo que sientas y lo que quieres. Piensa que las cosas son más sencillas de lo que parecen, piensa en no ser rebuscado ni complicado. Piensa en lo que realmente vale la pena: que es lo que tienes dentro de ti mismo.

Disfruta la felicidad que ahora tienes, nadie sabe qué vendrá el día de mañana.

Autor desconocido. ( es copia parcial)

No hay que temer


Temía estar solo, hasta que aprendí a quererme a mi mismo.

Temía fracasar, hasta que me di cuenta que únicamente fracaso cuando lo intento.

Temía lo que la gente opinara de mí, hasta que me di cuenta de que de todos modos opinan de mi.

Temía me rechazaran, hasta que entendí que debía tener fe en mi mismo.

Temía al dolor, hasta que aprendí que éste es necesario para crecer.

Temía a la verdad, hasta que descubrí la fealdad de las mentiras.

Temía a la muerte, hasta que aprendí que no es el final, sino más bien el comienzo.

Temía al odio, hasta que me di cuenta que no es otra cosa más que ignorancia.

Temía al ridículo, hasta que aprendí a reírme de mi mismo.

Temía hacerme viejo, hasta que comprendí que ganaba sabiduría día a día.

Temía al pasado, hasta que comprendí que es solo mi proyección mental y ya no puede herirme más.

Temía a la oscuridad, hasta que vi la belleza de la luz de una estrella.

Temía al cambio, hasta que vi que aún la mariposa más hermosa necesitaba pasar por una metamorfosis antes de volar.

Hagamos que nuestras vidas cada día tengan mas vida y si nos sentimos desfallecer no olvidemos que al final siempre hay algo más.
Autor: Pablo Ciappa

Mentalidad triunfadora

Somos lo que creemos. Valemos lo que tenemos en la mente y en el alma. Alcanzamos lo que soñamos con toda intensidad

Nadie triunfa por casualidad. Cada hombre exitoso posee una filosofía de vida que lo lleva a tomar decisiones correctas en los momentos precisos.

Mañana sólo vas a cosechar aquello por lo que te partiste el alma hoy.

Sólo los de mente arcaica piden limosna; son inútiles, aunque tengan veinte años de edad. Pero tú eres joven mentalmente. Tú puedes lograr tus sueños.

Comienza a hacer lo que te corresponde, hoy mismo. Haz que tu mejor esfuerzo se convierta en tu mejor plegaria.

Tienes inteligencia, voluntad, conciencia; todos los elementos para triunfar. Si no logras tus anhelos es que no pagaste el precio.

¡Actúa! ¡Deja de suspirar y hacerte el mártir! ¡Si no triunfas, es porque no quieres! No inventes excusas. Sal al campo de batalla. Hazte oír, hazte valer.

Si no crees en ti, nadie lo hará; si no levantas la mano por temor a la crítica, podrías morirte y nadie te echaría de menos.

¡Lucha! ¡Incluso un poeta luchador es mejor que un poeta aislado! El hombre que se dice intelectual y se retira permanentemente, en realidad es un perezoso.

Los seres ordinarios tienen pereza de pagar el precio. Quieren llegar a la cima sin prepararse ni moverse. Sigue leyendo

¡Vales mucho!

No solamente es más apreciado el ser espontáneo, sino que es mucho más fácil.

Mucha gente gasta bastante energía en aparentar lo que realmente no es.

¿Por qué sucede que hay personas que parecen “mimetizarse” con los demás y les cuesta ser natural y espontánea ¿Por qué se dice lo que realmente no se siente?

Lo sé bien, porque en mis primeros años de vida fui así. Tempranamente aprendí que no podía decir lo que pensaba, porque los mayores me lo reprochaban.

Luego, me pareció que los demás se sentían bien  si uno estaba de acuerdo con ellos y mal si manifestaba opiniones diferentes, y yo buscaba desesperadamente la aceptación de los demás.

Sin embargo, fui descubriendo que los otros dejan de considerarte y respetarte 
al darse cuenta que uno no tiene una opinión clara y definida, y lo peor, uno deja de respetarse a sí mismo.

Aprendí que no tenemos por qué caerle bien a todos ni estar de acuerdo con todos. 
Es probable que cuando todos seamos sabios ya hayamos alcanzado la plena iluminación, estemos todos de acuerdo. 

Mientras tanto, en la búsqueda de la verdad, tendremos posiciones distintas, según nuestras experiencias y conocimientos.

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Ser feliz a tiempo

Cuenta la leyenda que un hombre oyó decir que la felicidad era un tesoro.

A partir de aquel instante comenzó a buscarla. Primero se aventuró por el placer y por todo lo sensual, luego por el poder y la riqueza, después por la fama y la gloria, y así fue recorriendo el mundo del orgullo, del saber, de los viajes, del trabajo, del ocio y de todo cuanto estaba al alcance de su mano.

En un recodo del camino vio un letrero que decía : 

”Le quedan dos meses de vida”

Aquel hombre, cansado y desgastado por los sinsabores de la vida se dijo:

“Estos dos meses los dedicaré a compartir todo lo que tengo de experiencia, de saber y de vida con las personas que me rodean.

“

Y aquel buscador infatigable de la felicidad, sólo al final de sus días,
 encontró que en su interior, en lo que podía compartir, en el tiempo que le dedicaba a los demás, en la renuncia que hacía de sí mismo por servir,
 estaba el tesoro que tanto había deseado.

Comprendió que para ser feliz se necesita amar; aceptar la vida como viene; disfrutar de lo pequeño y de lo grande; conocerse a sí mismo y aceptarse así como se es; sentirse querido y valorado, pero también querer y valorar; tener razones para vivir y esperar, y también razones para morir y descansar.

Entendió que la felicidad brota en el corazón, con el rocío del cariño, la 
ternura y la comprensión. Que son instantes y momentos de plenitud y 
bienestar; que está unida y ligada a la forma de ver a la gente y de
 relacionarse con ella y que para tenerla hay que gozar de paz interior.

 

Y en su mente recordó aquella sentencia que dice:

“¡¡Cuánto gozamos con lo poco que tenemos y cuanto sufrimos por lo mucho que anhelamos !!”
Autor desconocido

Caminata


Sé que mi caminar tiene una dirección y un destino, por eso debo medir mis pasos, prestar atención en lo que hago y no en lo que hacen los que a mi lado también pasan, o por los cuales, a su lado paso yo.

Que no me engañe con el ánimo y el vigor de los primeros trechos, porque llegará el día en que mis pies no tendrán tanta fuerza, se herirán en el camino y se cansarán más rápido.

Que cuando esté cansado, no me desespere y crea que aún tendré fuerzas para continuar, principalmente cuando hubiera quien me auxilie.

Y que oportunamente, en mis sonrisas, me acuerde de que existen los que lloran, para que así mi risa no ofenda el dolor de los que sufren; por otro lado, cuando llegue mi turno de llorar, que no me deje dominar por la desesperanza, sino que entienda el sentido del sufrimiento, que me nivela, que me iguala, que vuelve iguales a todos los hombres.

Cuando tenga todo, equipaje, valor, agua en mis provisiones, ánimo en el corazón, botas en los pies y sombrero en la cabeza; para de esa forma, no temer al viento, al frío, a la lluvia y al tiempo. Que no me considere mejor que aquellos que se quedaron atrás, porque podría llegar el día en que no tenga nada más para mi viaje y aquellos que rebasé en el camino, me alcanzarán y también podrán hacer lo que yo hice o de hecho no hacer nada por mí, entonces, me quedaré en el camino sin concluirlo. Sigue leyendo

Debemos creer

Que con ternura, un cuerpo y un corazón sin vida; pueden volver a latir.

Que “la casualidad” nos une a seres que acrecientan nuestra esperanza.

Que no debemos poner limitaciones a los sueños por realizar.

Que nos han enseñado a dar y no sabemos recibir con generosidad.

Que la paciencia es la que mantiene la esperanza.

Que nunca es tarde para arrepentirse y pedir perdón.

Que al sentir una mirada, un corazón enamorado puede embriagarse.

Que sí se puede aprender a confiar nuevamente.

Que yo no puedo enseñarte lo que no tengo; pero sí podemos intercambiar lo que sabemos.

Que hay que decir lo que se sienta, hacer lo que se piensa, y dar lo que se tenga.

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